3.12.09

Yo nací en el aniversario de la muerte de Cristo, un viernes santo. Ese mismo día se firmaba la legalización del partido comunista de España; mi madre reposaba en cama y escuchaba los gritos y cánticos de los manifestantes que lo celebraban. Me vio nacer la capital; el barrio más castizo, Chamberí. Donde se hacen zarzuelas, y escenario de teatrillos callejeros donde se baila el chotis y los hombre van vestidos de chulapos, los madrileños típicos de principios del siglo XX.
A veces creo que nací en el centro de una gran ciudad para echar de menos siempre el movimiento de la urbe. Lo iba a ver poco.

Todas las familias están llenas de casualidades: por ejemplo, en la mía nacemos con un encadenamiento de fechas. Se enlazan los números ocho y los meses. Excepto mi padre, pobre, que se queda fuera; un día de todos los santos. Mis abuelos fueron muriendo de dos en dos años, en verano. Y, en realidad, yo estoy aquí por casualidad; como todos, vale, pero el caso es especial. Me explico. Mi madre era una modelo morena de ojos verdes a la que se la rifaban todos los hombres de Madrid. Mi padre era un chulo que iba de flor en flor y tenía como regla no dar nunca la dirección verdadera de su casa por las posibles consecuencias... Ambos eran de pueblo, y de ciudades de fuera de la capital. Pero les dio por coger el metro el mismo día y a la misma hora. Un borracho se puso a piropear a mi madre, la modelo morena de ojos verdes. Entonces salió la parte más “machoman” de mi padre. Como un ave en pleno baile de cortejo, desplegó sus alas y se puso a gritarle al borracho que la dejara; esa hembra era suya. La acompañó hasta su nido, digo, casa, donde la tía vestida de negro y voz de hombre, al mejor estilo Bernarda Alba, la esperaba en la puerta, rodillo en mano. Y lo cierto es que ese hombre de plumas ahuecadas le gustó a mi madre. Había tenido muchos pretendientes; músicos, empresarios, novios que se dejaban sus ahorros para ir a verla, ricos que le habrían convenido más... Pero nada, como la chulería de ese hombre que pone a un borracho en su sitio, y a la modelo morena de ojos verdes en el suyo (en un pedestal), no hay nada. Así que se casaron en una iglesia de mala muerte, que ahora está abandonada. Alguien que no quería ni oír hablar de matrimonio, y una mujer que llegó al altar con el pelo rapado de militar por acudir a una peluquera inepta, y con un vestido hecho a mano recto, blanco, con una especie de bufanda de plumas alrededor. ¿Y cómo, diréis, llegaron entonces a casarse? No os creáis que él la perseguía, o que con una sola casualidad se consigue todo. No. Hizo falta otra vuelta del destino. Ese hombre chulo, déspota y varonil donde los haya, no quería más acercamiento del necesario y habitual con la modelo morena de ojos verdes. Pero tuvo un accidente en su moto, se encontró solo en el hospital y únicamente fue a verlo...ella. Desde ahí, ya está todo liado. Por supuesto, el sentido fue tener tres niños, tres pelones inteligentes como la escarcha. Sobre todo la última. Una niña que nació un viernes santo de legalización del partido comunista.

6 comentarios:

con.un.toque.de.limon dijo...

Hola, he leido lo que escribistes sobre el grupo milkyway express te dejo caer que el 19 de este mes tocan en la sala fun club en el centro de sevilla. Saludos!

Rodolfo N dijo...

Que hermosa historia...
Suena a un bello cuento narrado a laluz de la luna.

Rodrigo Córdoba Sanz dijo...

Preciosa historia y muy bien contada.

simalme dijo...

Gracias

leon no es feroz dijo...

De todo ello se deduce que eres joven y libre. Me gusta la historia. Un saludo.

Alejandro Ortiz A dijo...

acabo de leer tu blog. me encanto