9.5.09

Un junco doblado

Soy un junco doblado. Y tan poquito. Como un mosquito pacífico en medio de una plaga de mosquitos asesinos. Yo no tengo veneno, ni tengo aguijón. Me escondo detrás del muro para que no me piquen. Pero sólo soy un junco doblado. La gente va por las calles con sus espadas desplegadas. Yo sólo tengo mi sonrisa. Es de tontos sonreir cuando todos te amenazan. No está de moda. Soy un junco pasado de moda. Que se protege con su sonrisa. Que sueña con músculos inflados por la maldad. Que imagina una manta que me hiciera invisible. Un amigo que me diese la mano y huyese conmigo, lejos de todo esto. A un lugar donde los campos creciesen verdes y fuertes, sin venenos ni aguijones. Donde sólo hay que luchar por ver el sol y sentir la brisa en la cara. Pero, qué quieres...Sólo soy un junco doblado.

3 comentarios:

Alan dijo...

El junco,en Oriente,es ejemplo de sabiduría,se inclina ante el vendabal que rompe las ramas recias para volver luego a su sitio.
A todos nos viene bien ´ser juncos´ de vez en cuando,de poco sirve quebrarse..cuando es inutil.

Gabriel Gale dijo...

Los mosquitos no comen juncos. Sé un buen junco, y no le sonrías a los asesinos. Juega su juego mientras tus fuerzas te lanzan a mirar el sol de frente. Ah, y te copio la frase de Stevens para ponerla en la librería... Je, je. Buen domingo, vida.

Joselu dijo...

A mí, en cambio, me viene a la mente la idea de meterme en una burbuja donde nadie, o casi nadie, tenga acceso y sentirme protegido de esas espadas afiladas. Es distinto pero la idea es la misma. Espero que encuentres esa mano amiga. Un abrazo.