15.2.06

Pasaje a la India

Un indio musulmán viudo y una inglesa fea e insulsa van a ver las famosas Cuevas de Marabar, cerca de Chandrapore, al principio de la estación cálida. Los demás viajeros, cada uno por una cosa, tienen que quedarse en un campamento cercano. Ella está prometida a un hombre frío, arrogante y algo clasista. Todo lo tienen planeado y organizado, como buenos ingleses, saben cómo va a ser la boda, su estilo de vida... Hasta que entra con este joven a una de las cuevas. En realidad no entra con él, sino tras él. En esas cuevas oscuras como el vacío, cualquier ruido o palabra, de la intensidad que sea, es devuelto en forma de un mismo eco, siempre el mismo tipo de eco. Le ve que enciende un cigarrillo, las cuevas más negras que la boca de lobo, de pronto se iluminan y florecen, ella se pone nerviosa, tantos pensamientos y sentimientos nuevos. Se da cuenta de que el musulmán tiene los ojos tan negros como el aire de la cueva, y los ecos vuelven en forma de palabras con sentido: "No estás enamorada de tu futuro marido, no sabes lo que es el amor ni lo sabrás nunca y quieres sentirlo". Y la chispa del cigarro, su espalda volviéndose hacia ella... y la muerte. La muerte en vida. Sus días como esa cueva, sin nada, con el mismo eco repitiendo todo, la única posibilidad de escuchar algo. Sin ver, sin oír...
Nota algo húmedo que le tapa la cara, chilla, corre hacia la salida y huye. Huye de su vida, del amor, de la brusca realidad que le susurra al oído: "todo es para nada, nunca encontrarás lo que buscas, sabes cómo van a ser tus días hasta el día de tu muerte". Pero en vez de reencontrarse con su rutina anterior se ve deforme como la cabeza de medusa, en medio de ataques de asma que le ahogan el cuello, asfixian su pecho, hasta que se desmaya.

Las cuevas de Marabar. Toda la India sabía que, siendo sólamente unas colinas sucias, sin encanto, quien entraba no salía igual. Cada uno se enfrentaba a sus realidades reprimidas, como una especie de Freud megalítico, y no las oían, las sentían.
Nuestra inglesa fea e insulsa prefirió negar esa verdad revelada y declaró culpable al indio de violación. Ella no estaba reprimida, ella tenía que aceptar su sino, monótono y organizado, para no invalidarse a ella misma y todo lo que la había acompañado durante sus años de andadura militar.

17 comentarios:

Rodolfo N dijo...

Que historia!, que buena reflexión se puede sacer de ella, y tan cierta!. Un beso

Joselu dijo...

Interesante resumen de esa evocadora novela que es Pasaje a la India de E.M. Forster. Reviso el libro. En el capítulo 14 subrayé no sé por qué: La vida, en su mayor parte, es tan insípida que no hay nada que decir de ella, y los libros y las conversaciones que quieran describirla como interesante se ven obligados a exagerar, con la esperanza de justificar su propia existencia. Dentro de su envoltura de trabajo u obligaciones, el espíritu humano se dedica sobre todo a dormitar, advirtiendo la diferencia entre placer y dolor, pero mucho menos vigilante de lo que quisiéramos creer. Hasta en el día más emocionante hay periodos durante los que no sucede nada, y aunque seguimos exclamando "cómo me divierto" o "estoy horrorizado" no somos sinceros. "En la medida en que siento algo, eso que siento es placer, horror..." En realidad no se trata más que de eso, y un organismo perfectamente equilibrado guardaría silencio.

Bato dijo...

me recuerda a The Sheltering Sky , una pelicula genial de Bertolucci, que no tuvo tan buena crítica, pero maneja exactamente esta manejo de la pasión vs. el mundo occidental

YoRcH dijo...

hay.. la cverdad yo ya no se si sorprenderme.. ya es de esperarse llegar aqui y encontrarse con grandes grandes.. grandes letras!!!. muchos saludoss..!! me encanto el post

Víctor Manuel Ramos dijo...

“Pasaje a la India” es una de mis novelas y películas favoritas, porque captura varios aspectos de la interacción humana: la mentalidad del colonizado y del colonizador, la ilusión que puede ser la vida, el ingreso a ese subconsciente del que hablas y las leyes de causa y efecto. Mi escena favorita, tanto en el libro como en la película, es aquella en la que entran todos a la caverna y quedan atestados en su interior, alguien prende una vela y las turistas miran alrededor, todos miran alrededor, como diciendo qué es lo que hay aquí adentro, cuál es la atracción. Y Aziz (en quien a veces me he visto reflejado), agitado, insiste en que ellos vean algo que solamente existe dentro de él. Es una de esas obras que al resumirse no parecen decir nada, pero que dejan una sensación muy concreta de la vida. Te agradezco la reseña porque le diste otra dimensión a mi entendimiento de lo que esa sensación es al decir que “...cada uno se enfrentaba a sus realidades reprimidas”.

the_landlady dijo...

oh vamos no tan insulsa...ni fea ;-)

simalme dijo...

Gracias, Rodolfo, ya no sé cómo decirlo de manera que todavía signifique algo.

Joselu, también tengo subrayado ese párrafo, excepcional. Te espero más por aqui, amigo, no lo olvides.

Bato, preciosa novela, sacaría lo que un amigo ha destacado en su blog:" Creo que los dos tenemos miedo de lo mismo. Y por una misma razón. Nunca hemos conseguido, ninguno de los dos, entrar en la vida. Estamos colgando del lado de afuera, por mucho que hagamos, convencidos de que nos vamos a caer en el próximo tumbo. (...)Estaba en algún lugar; para regresar de la nada había atravesado vastas regiones. En el centro de su conciencia había la certidumbre de una infinita tristeza, pero esa tristeza lo reconfortaba porque era lo único que le resultaba familiar."

Victor, parece una novela escrita al inconsciente, sentimos más cosas de las que cuenta y, de alguna manera, nuestra vida se tambalea al leerlo como se tambalea la vida de nuestra Miss Quested. Ahora, habría que dedicarle un libro a mi querido Mr. Fielding...

Gracias, Yorch, me alegro que te guste, mucho.

Es verdad, landlady, de insulsa parece que tiene poco, aunque de fea, sí tiene mucho. El musulmán, en una frase del libro, dice que de lo que más le molesta de la situación es que, encima, es fea...

Juan Pablo dijo...

el miedo a lo desconocido, la negación de lo ya obrado, para resguardar apariencias, es comun en nuestra vida, ¿quien no se ha arrepentido de alguna que otra acción?.
pero acusar al otro, habiendo sido parte de la misma, nos demuestra que la inglesa, era mas que imsulsa y de aparencia no agraciada, era una miserable, ¿y porque a ella ese lugar no la convirtió en otra persona?.

saludos

jp

paralelo 53° Sur

vylia dijo...

Me ha gustado mucho tu blog y que hayas visitado el mío. Es un lindo pensamiento el que pones aquí. Seguiré visitándote más a menudo. Un saludo.

Rodolfo N dijo...

S.M: significa y mucho.besos.

Molina dijo...

Pienso que escribís y refelxionás muy bien, Simalme. Saludos.

Hipolitta dijo...

Un relato excelente, felicitaciones.
Todos los esfuerzos que hacemos, para no sentir profundamente, para no saber quien somos en realidad.
Como si pasarnos la vida anestesiados, fuera mejor.
Saludos

JM dijo...

Muy bueno...
Seguiré de cerca tu blog.

Saludos

marfade dijo...

:). que gusto , saludos

simalme dijo...

Juan Pablo, en las cuevas le habló su inconsciente, no sólo no te convierte en otra persona, sino que está más cercano al autoconocimiento que al cambio.
Gracias, Vylia, te espero.
Gracias, Hipolitta, te leo, no anestesiada, eso espero.
Gracias, Marfade y JM, os leo y espero.

Anónimo dijo...

no seas envidiosa!
no es fea ni insulsa!

david el olotino dijo...

Creo que has unido lo k le pasó a Mrs Moore y lo k le pasó a Adela Quested. La primera fue la que se asfixió y se desmayó en la cueva, y la segunda fue la que se dio cuenta que no estava enamorada de su novio, y finalmente acusó a Aziz de unas supuestas insinuaciones insultantes.