18.9.05

Encargo

"No me des tregua, no me perdones nunca. Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que vuelves. ¡No me dejes dormir, no me des paz! Entonces ganaré mi reino, naceré lentamente. No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni guante; tállame como un sílex, desespérame. Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos. Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas. Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces. No me importa ignorarte en pleno día, saber que juegas cara al sol y al hombre. Compártelo. Yo te pido la cruel ceremonia del tajo, lo que nadie te pide: las espinas hasta el hueso. Arráncame esta cara infame, oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre".

6 comentarios:

Álvaro Ramírez dijo...

Me gusta tu blog. Saludos cordiales

tipodeincógnito dijo...

Y de pronto, como caído del cielo, un Cortázar sureño ahí, del otro lado. No podía ser otro escritor, claro. De nada.

El anónimo de siempre dijo...

y dime la verdad. tutéame por favor.




Pórtate mal

simalme dijo...

Lo haré. No puedo evitarlo (como el mejor Valmont).

Javier Munguía dijo...

Me gusta mucho, mucho, este excepcional poema.

simalme dijo...

Y a mi, quizá el mejor. No he encontrado nada parecido que hable sobre lo que quiere expresar Cortázar aqui.