26.2.06

La teoría de las vidas paralelas

Nuria es una niña con la que trabajo. Tiene problemas académicos pero, en conjunto, es y forma parte de una familia feliz, en el más amplio sentido. El otro día me contó que ella no creía en las reencarnaciones ni que después de la muerte no haya nada. Algo tenía que haber, no se podía imaginar el vacío. Y tampoco quería que hubiese la posibilidad de llegar a convertirse en un bicho cualquiera, un sapo (aunque hay muchos sapos más guapos que algunos príncipes) o una cucaracha. Así que, a lo largo de sus, todavía, escasos días, ha ido formando la creencia de las vidas paralelas. Ella siente que, en este mismo instante, hay varias Nurias. Cada vez que tenemos la necesidad de decidir algo se abren distintas alternativas, con sus correpondientes consecuencias. Pues en su teoría hay tantas vidas como opciones distintas, que se van encandenando con las anteriores y así hasta el infinito. Esta idea le vino cuando escuchó la frase de "No hay nada más injusto que no vivir todas nuestras posibilidades". Así, ahora mismo, en otra dimensión, hay una Nuria mendigo, una Nuria princesa...
Y no tuve más remedio que recordar la cantidad de veces que me he planteado qué hubiera sido de mi vida si en vez de actuar de una manera lo hubiera hecho de otra. Dónde estaría ahora, y cómo, si hubiera elegido otras cosas. Pensé que el hecho de no hacer nada también es una decisión, cuánto habremos perdido por cobardía, comodidad, y cuántas felicidades no hemos visto por orgullo, por no demostrar lo que sentimos, por miedo a no ser correspondidos y a hacer el ridículo. Para mi sorpresa, me dí cuenta de que busco y prefiero personas directas, incluso hirientes, sin miedo a decir y hacer lo que quieren, que se arriesgan. Iba a decir que las personas de las que me enamoro son así, pero no es verdad. Siempre me engañan...Será que la máscara de dignidad es la mejor coraza...Pero no hay frase más cierta que aquella "Nadie es solemne".

15.2.06

Pasaje a la India

Un indio musulmán viudo y una inglesa fea e insulsa van a ver las famosas Cuevas de Marabar, cerca de Chandrapore, al principio de la estación cálida. Los demás viajeros, cada uno por una cosa, tienen que quedarse en un campamento cercano. Ella está prometida a un hombre frío, arrogante y algo clasista. Todo lo tienen planeado y organizado, como buenos ingleses, saben cómo va a ser la boda, su estilo de vida... Hasta que entra con este joven a una de las cuevas. En realidad no entra con él, sino tras él. En esas cuevas oscuras como el vacío, cualquier ruido o palabra, de la intensidad que sea, es devuelto en forma de un mismo eco, siempre el mismo tipo de eco. Le ve que enciende un cigarrillo, las cuevas más negras que la boca de lobo, de pronto se iluminan y florecen, ella se pone nerviosa, tantos pensamientos y sentimientos nuevos. Se da cuenta de que el musulmán tiene los ojos tan negros como el aire de la cueva, y los ecos vuelven en forma de palabras con sentido: "No estás enamorada de tu futuro marido, no sabes lo que es el amor ni lo sabrás nunca y quieres sentirlo". Y la chispa del cigarro, su espalda volviéndose hacia ella... y la muerte. La muerte en vida. Sus días como esa cueva, sin nada, con el mismo eco repitiendo todo, la única posibilidad de escuchar algo. Sin ver, sin oír...
Nota algo húmedo que le tapa la cara, chilla, corre hacia la salida y huye. Huye de su vida, del amor, de la brusca realidad que le susurra al oído: "todo es para nada, nunca encontrarás lo que buscas, sabes cómo van a ser tus días hasta el día de tu muerte". Pero en vez de reencontrarse con su rutina anterior se ve deforme como la cabeza de medusa, en medio de ataques de asma que le ahogan el cuello, asfixian su pecho, hasta que se desmaya.

Las cuevas de Marabar. Toda la India sabía que, siendo sólamente unas colinas sucias, sin encanto, quien entraba no salía igual. Cada uno se enfrentaba a sus realidades reprimidas, como una especie de Freud megalítico, y no las oían, las sentían.
Nuestra inglesa fea e insulsa prefirió negar esa verdad revelada y declaró culpable al indio de violación. Ella no estaba reprimida, ella tenía que aceptar su sino, monótono y organizado, para no invalidarse a ella misma y todo lo que la había acompañado durante sus años de andadura militar.

12.2.06

Son mis amigos

Sé que mis amigos no leen esto. A algunos no les gusta leer y a los demás, simplemente, no les gusta leerME. Así que les puedo poner verde a gusto. Mi venganza por no pasaros por aqui, chicos. Y a todo el que no lo vea yo entrar, que se prepare, que le dedicaré una bonita elegía...

Ayer estuve todo el día con Rosa. No cambia, en nada. Sigue esperando a que llegue sin avisar su Antonio, a las 10 de la mañana como a las 5, da igual, ella siempre le espera. Él tiene novia, pero cuando le hace falta algo que ésta no le da, va a casa de mi amiga y, sin palabras, lo coje.
La acompañé a un recado. Era para comprar preservativos. "Es un bestia, viene y me tira directamente a la cama, y si no los compro yo, tengo que tomarme al día siguiente la píldora del día después, y es una lata, te entran retortijones y sofocos".
Los eligió de sabor tropical, y color rosa, "pleasure-max". Ni corta ni perezosa, en medio de la calle, abarrotada, se puso a explicarme los detalles y pormenores de su utilización. Los sacó, me los mostró y, emocionada intentaba convencerme de que la próxima comprase esos y no otros.
Me contó que ha conocido a una chica que se ha enamorado de ella. Dice que es muy ordinaria. Un día iba con unos pantalones estrechos y la chilló: "Hoy viene Rosa con el chocho aplastao". Pero aún así le cae muy bien, es muy generosa y solícita. "Ya que no me hace caso ningún chico...No veas cómo me hace falta que me den cariño...".
También vinieron Juan y Andrés. Son pareja desde hace unos años, pero siempre han tenido sus menos y sus más. Se jactan de que aceptan todo, son bisexuales. Juan es uno de mis mejores amigos, y ya ha intentado algo conmigo. Si fuese atractivo me habría hecho dudar, la carne es débil, pero con él, la verdad, no tengo más remedio que tenerlo muy claro. Así que, cada vez que me ha achuchado o insinuado algo he puesto distancia de por medio. Luego nos hemos reído y aquí no ha pasado nada.
Pero es Andrés, su novio, el que no soporto. Hablando de que soy una chica sugerente, de ojos muy profundos y cara aniñada...bla, bla. Que eso gusta a todos. Que si no me había planteado el poder hacer un trío o ser lesbiana. Le contesté que una mujer me atrae exactamente igual que un hombre que no me atrae nada. No es problema de saber o no mi orientación sexual, no me interesa, igual que pueden gustarme rubios, morenos o castaños. El problema es que, simplemente, una mujer me atrae tanto como un grillo boca abajo.
Siguió Andrés con su táctica de "gay seductor de mujeres heterosexuales para sentirse más hombre". Yo te llevo a donde quieras, pareces un cuadro de Julio Romero de Torres, ¿qué es de tu anterior novio?, si no ha luchado por tí él se lo pierde... Ya me lo dijo Juan hace tiempo, que para un hombre que le gustan otros hombres lo más definitivo para saber si son atractivos o no es gustar a las mujeres.
Intentando esconderme de las contínuas fotos que me hacía Andrés, y escuchando por decimocuarta vez las propiedades de los preservativos "pleasure-max", me dí cuenta de que donde estoy más a gusto es con personas extrañas, fuera de la norma. Otro amigo mío está en la cárcel, por sus problemas con el alcohol. Y Santi tiene cerca de 50 años, y un matrimonio de pasión pura que unas veces le hace gritar de felicidad, y otras quiere divorciarse y huir de los nudos de esta relación tan turbulenta. Con cierto desequilibrio emocional, depresiones, crisis de ansiedad e intentos de suicidio, su vida sigue adelante. María está enamorada de un antiguo romance que tuvo que dejar por la distancia, y de vez en cuando, engaña a su novio actual con el anterior que, por cierto, es actor de publicidad, a veces lo veo en la tele. Hablando de actores, el ganador del Goya de este año es amigo de la infancia de Raquel, una de mis mejores amigas, con el que hemos salido alguna noche por la ciudad. Y Roberto, que ha estado en cuatro guerras, Irak, Afganistán, Bosnia y Somalia. No para de hablar, de su amigo el rey, de cómo hay que disparar y camuflarse. Dice que matando a una persona no sientes en el momento nada especial, en todo caso alegría, por haberte salvado tú. Pero hay noches en las que, sin saber porqué, tienes pesadillas y no puedes dormir. Cuando has tenido cerca la muerte, la ONU y terroristas, el día a día te parece algo de risa.
En conclusión, mis amigos, los actuales y los pasados, son gente especial, rara. Quizá por ello más auténticos que el resto. Una de dos. O me gusta la gente extraña, o todos somos algo extraños y... a mi que me gusta.

7.2.06

La culpa

Eran amigos desde el colegio. De esos amigos que tienen tanto que ver contigo que no hace falta hablar, ni estar cerca. Hasta que apareció ella. Pequeñita, con cara de niña y cuerpo de mujer. Eran tan parecidos los tres, estaban tan unidos, que se imaginaban, incluso lejos, hermanos eternos. Primero lo intentó con ella Pedro. Se llevó el gato al agua. Pero quedaba Pepe sin la sensación de sobrar, obligándole como le obligaban a no dejarles. Pasaban las tardes en casa de uno de los tres, hablando, riendo. A Pepe no le hacían falta más mujeres que ella, amiga sincera e inteligente. No veía raro ir a buscarla a su casa cuando Pedro trabajaba, o salir de paseo los dos solos. Nadie lo veía mal. La tendera de la esquina creyó que eran dos hermanas gemelas, cada una salía con uno. Y ellos se reían de los cotilleos de la gente. Qué iban a saber los demás de lo que pensaban. Y a ella le sobraban todos los hombres del mundo teniéndoles.
Hasta que un día Pedro se fue de viaje y pasaron la tarde y la noche juntos. Con su sentido del humor irónico, hablaba de la cantidad de hombres que tenía que haber "disfrutado". Entre carcajadas, se quejaba de que nunca había sido así, al contrario, creía que ninguno le hacía caso. Pedro por ser como era, tan bueno, por nada más. ¿Y yo soy bueno?, ¿y si te digo que me gustas, que me encantas, será por pena?. No lo sé, nunca dirías algo así, porque es mentira. ¿Tú que sabes?. Lo sé. Pues me encantas, me haces sudar cada vez que te tengo cerca, y quisiera agarrarte, besarte, amarte. Pero no puedo. ¿Porqué?. No me dejarías. Inténtalo.
La cogió de la cintura, se la acercó y la besó.
A la mañana siguiente la culpabilidad no les dejaba vivir. Ya no era lo mismo. Cuando estaban los tres el único alegre era Pedro, los demás pensaban y pensaban sin llegar a ninguna conclusión. No podían imaginar el tener que dejar de verse, ni el hacer daño a nadie. Así que Pepe esperó la ocasión adecuada y le contó que había tenido un sueño, en el que era feliz, encontraba a la mujer de su vida y a partir de entonces hasta los golpes más duros de la vida se le hacían llevaderos por poder verla todos los días. Y esa mujer era ella. Pero no respondió. Ya no le gustaba la situación, tenía que elegir, y quería seguir con los dos. ¿Era tan malo?. Daría todo el amor del mundo, hay tiempo, y nadie le sobraba ni a nadie quería apartar. Pero hubo un marginado. Como no tuvo respuesta, Pepe se la imaginó, negativa, por supuesto. Ni ella supo hacer nada para remediarlo. Así que un mal día él cogió sus maletas y se marchó muy lejos. No se volvieron a ver.

2.2.06

Serenata


Trabajo en el centro de mi ciudad, en una de las calles con más vida de España. A todas horas suena la música. Personas de todos los tipos intentan ganarse un dinerillo tocando algún instrumento. Creo que la canción que más suena, con eso de que Sevilla es una ciudad cálida y con buen tiempo casi todo el año, es "la Primavera", de Vivaldi, especialmente, como no, en esa estación. También hay un cuarteto de cuerda (dos violines, una viola y un chelo) de argentinos que nunca repiten tango, ayer era el tiempo de "Cambalache". "Que el mundo fue y será una porqueria,ya lo sé...".
Al lado exacto de la puerta de mi trabajo se encuentra un anciano tocando el violín, como un genio. Cada vez que lo escucho, que son unas cuatro veces al día, me evado, me pongo a flotar y me dejo llevar por sus notas, maravillosas, emotivas. No habría dinero suficiente para pagarle... Anteayer salió de su violín el tema principal de "El Padrino". Preciosa donde las haya. Pero ayer...ayer me llegó al alma. Acariciaba las notas de "Ständchen", como si nunca antes se hubiese tocado, como si le fuese la vida en ello. Algo debía tener roto que unía con esos sentimientos con que recreaba la obra.
Dentro de mi música favorita se encuentran los lieder de Schubert, canciones populares alemanas. Hay un ciclo especialmente sublime, bueno, dos.
"El viaje de invierno" relata en una serie de cancioncillas el viaje de un joven que sabe que sus días están por terminar, y que la vida es fría y costosa como andar por la nieve. Dentro de este ciclo hay un intervalo optimista entre temas pesimistas y trágicos, "El Tilo". Esta canción trata de la esperanza que nace en nuestro protagonista cuando, solo y en medio de la nieve, ve una ramita de un tilo en flor, en plena helada.
Otro ciclo especial es "El canto del cisne". Como sabréis, esta frase se refiere a la melodía triste que producen los cisnes cuando saben que su fin está próximo. Dicen que es de los sonidos más bellos que se pueden escuchar. Schubert, para no ser menos, crea un grupo de canciones como su particular tributo a este mágico preludio. También está "Sylvia", con letra de un poema de Shakespeare de "Los dos hidalgos de Verona", y "Ständchen", (Serenata) la que, como ya he comentado, es hermosa como pocas cosas, el verdadero canto del cisne de Schubert, sólo tenéis que escucharla...

28.1.06

Anecdotario ajeno

Una compañera de piso me contó que conoció a Goran Visjnic, el médico Yugoslavo de "Urgencias". Después de las consabidas bromas, y el lógico escepticismo, nos explicó cómo fue su historia, si es que la hubo...

Andrea, que así se llama mi amiga, es periodista. Un día su jefe le encargó la tarea más "pesada" que puede haber para cualquier mujer heterosexual, entrevistar a un mito erótico, en este caso, un actor. Ella reconocía que era atractivo, no lo podía negar, pero no soportaba los hombres vanidosos, y éste, por necesidad, tenía que serlo. Y no se equivocó. Cuando entró en el plató de la entrevista él la miró por encima del hombro, algo parecido a "sé que te tengo". Andrea se mofó de esa superioridad, así que se puso a pensar en cómo podría bajarle los humos a semejante especímen. Aunque, una vez planteado, se percató de la dificultad, por no decir imposibilidad, de cambiar algo ya tan asentado.
Se sentaron de frente, el fotógrafo se movía de un lado para otro intentando encontrar la foto perfecta, y la redactora se colocó detrás para controlar.
Por lo visto él era croata, familiares suyos murieron en la guerra, pero está afincado en Paraguay,por lo que habla español a la perfección.
El fotógrafo debe ser que ya encontró la foto perfecta así que, a la media hora, se marchó. Hubo un problema en un micrófono, se intentó arreglar y, al ver que pasaba el tiempo y no se solucionaba, la redactora les comentó que podían dejarlo para otro día, si querían. A él le daba igual, estaba de vacaciones y, para Andrea, cuanto antes se pasase todo, mejor. Así que, en medio de idas y venidas de los técnicos, siguieron, ahora por escrito, la entrevista. Al haber tanto ruido la redactora sugirió que entrasen en su despacho y continuase todo alli. Entraron los tres y él, en su faceta de seductor, se sentó en un sofá al lado de Andrea. Ella intentó zafarse pero, sabía que para la jefa, era mejor cuanta más intimidad. No tuvo más remedio que aguantar el tirón. Un tirón que se le hizo más y más fácil según pasaba el tiempo al ver ahora de cerca sus enormes ojos verdes que parecían pintados. En más de un momento dejó de escribir, sin darse cuenta, para observar, hipnotizada, el movimiento de sus labios al hablar. Una vez él se percató y, con la media sonrisa de los vencedores, le preguntó:
-¿Te ocurre algo?.- Esquivó su mirada y le contestó, entre balbuceos, que estaba resfriada, que no se sentía bien.
Al rato entró un técnico y le comentó a la redactora que el panel de sonido se había despolarizado. Ésta se despidió y aconsejó que la entrevista siguiera como si no pasase nada. Que no pasa nada. Qué difícil de imaginar esto por Andrea en ese preciso instante. Por todos los medios intentó terminar las preguntas, escapar. Y más largo se hacía.
Él se asomó a los cristales del despacho intentando averiguar qué había pasado. Su brazo se apoyaba en el de Andrea, y ésta, nerviosa, seguía automáticamente su interrogatorio, que él no escuchaba. Dejó de mirar a través de la ventana, fue a sentarse y coincidió con la mirada de Andrea, que se había cansado de hablar para ella sola. Se acercó a su oído y la preguntó:
- ¿Qué piensas?. -Sin saber ya quién era, y notando su aliento en los labios, le respondió:
- Llévame a Uruguay.
- No vivo en Uruguay.
- Es verdad, "Paraguashio". Da igual. LLévame a ver todo, Montevideo, Buenos Aires, el Cabo de Hornos, por mar. Dicen que el marinero que pasa por el faro del fin del mundo se pone un pendiente y escupe a favor del viento, mientras huele el aire gélido de la Antártida... Y dicen que el peor accidente para un argentino es caerse desde su ego... ¿Sabes que Lucifer es el que anuncia la primera luz del amanecer?. Significa "el que trae la luz". El ángel más bello, el más oscuro, y a la vez es el lucero del alba, que anuncia a Venus...
- Tendría que ir a Paraguay, divorciarme y venir a buscarte.
- Me da igual. Haz lo que quieras... - Y, cogiéndola de la cintura, se la sentó encima, sintió el latido de su cuello en los labios y le dijo:
- Mira al cielo. Arriba.- Ella levantó la cabeza hasta ver el techo.
- ¿Qué ves?.
- A Lucifer.

5 manías

- Empezar a leer el periódico por detrás.
- Hacer rabiar a mi gata.
- Llamar sólo cuando me llaman.
- Hablar deprisa cuando estoy contenta.
- Creer a todo el mundo bueno.

Lo siento, Juan Pablo, pero no creo que estas manías sean características de los españoles.

21.1.06

Amanece, que no es poco.

Habían quedado en el hipermercado. Estaba lleno de gente, eran las rebajas. Distraídamente, echaba un vistazo a cada estantería, pensando que ya estaba tardando mucho. Dos chicas comentaban que una tercera se había portado mal con ellas. Una abuela no sabía que comprarle a la madre del nieto que llevaba de la mano. Una niña de unos dos años, de ojos grandes y verdes, con dos coletas empinadas hacia arriba, corría de un lado para otro y chillaba. El padre, desesperado, no sabía qué hacer para frenarla. "María, no chilles". A la chiquilla le daba igual, berreaba, saltaba y tiraba todo a su camino. Ana se reía y no podía evitar seguir la escena del padre en apuros. Era un hombre de unos treinta y pocos años, castaño de ojos azules y tristes. Se dió cuenta de que era observado, miró, agachó la cabeza algo avergonzado, y la sonrió. En ese momento la niña le cogía del abrigo, se lo estiraba y le pedía gritando el nuevo peluche de Disney. Desaparecieron los dos, en busca de otro muñeco más barato, y Ana, aburrida, se sintió más sola. Suspirando salió a la puerta para ver si ya venía. No vió nada, cuando sintió una patada en la espinilla.
-Lo siento, lo siento. María, te he dicho que no hagas eso. Perdona, ¿te ha hecho daño?.
-No, gracias. No. -Se lamentó de haber dicho una frase tan inteligente...
En ese momento la llamaron por su nombre, por fin había llegado, se besaron y fueron hacia el coche. Volvió la cabeza, para ver si seguían allí. Él la estaba observando. Se miraron.
-Ana, ¿te pasa algo?.
-"No, gracias. No"...

Desde la ventanilla se dió cuenta de que esa noche había una luna roja y grande, como nunca, e imaginó que viajaba en ella, que le servía de balancín, y que huía de todo:

"Rescátame,
de este mundo sin sentido,
de estas mañanas vacías
de estos nervios gastados de forma
inútil.
Sálvame, sálvame, mil veces dicho,
que se rompa esta continuidad tenebrosa,
deja tu vida, tu país, tus penas
y tráelas, que remiende
con color alegría
tus esperanzas a las mías.
Llévame donde la locura no alcanza,
donde el mayor sacrificio sea placer,
donde las máquinas cobran vida
y el horizonte tenga tu nombre.
No dejes que sigamos perdidos,
dando vueltas en el laberinto,
escapándose los segundos
como arena en las manos.
Regresa donde nunca estuviste,
que toda una vida se te dedicará,
y amanecerá,
por tí..."

13.1.06

De a poquito

Esto no se lo conté nunca a nadie. Es una historia que me sucedió y que llevo dándole vueltas durante años. Así que la contaré.
Fui una tarde de hace unos años a natación, en pleno invierno, nevaba. Entré, como siempre, al vestuario, me puse el bañador, el gorro y a nadar. Había una chica de unos 35 años que parecía que no veía bien. Tanteaba el agua, daba vueltas alrededor de la piscina, hasta que se metió. Fue en busca de un hombre guapo, moreno, con un bañador negro, y se le agarró del cuello para el resto de la hora. Seguí nadando, pasó el tiempo y no supe más de ellos.
Meses después, me los volví a encontrar en la fiesta de la primavera. Ella iba con leotardos de corazones y flores, y él con blusa hawaiana fosforescente. Me vieron desde lejos, ni se me ocurrió pensar que se podían acordar de mi, así que cuando ví que se me acercaban, con intención de hablarme, me sobresalté. Me dijeron que me conocían, que eran amigos de mi ex-novio, que sabían que él me había dedicado un libro, que se llamaba como yo, y que me describe.
-¿Y cómo dice que soy?- pregunté, más desconfiada que contenta.
-No dice cómo eres, sino cómo eres tú en su vida, cómo cambió desde que te cruzaste en su camino, que está loco, que tiene hábitos extraños desde que te fuiste.
-¿Hábitos extraños?.
-Sí, se acuesta con todo lo que se le cruce por medio, hombre o mujer. Que no ve diferencia entre su rutina y tus recuerdos. Que se cabrea con los pájaros que le despiertan por la mañana, y maldice la primera luz del día. Que le gusta sentir en la espalda el frío de la pared mientras duerme. Lo primero que hace cuando va a acostarse con alguien es lavarse los dientes, pero siempre cuando ya están desnudos. Las noches de invierno se va solo al cine porno, aunque no duerma casi. Y va a todos lados con los walkman puestos, escuchando siempre la misma canción.
-Esos hábitos los ha tenido siempre.
-Sí, supongo. -Se quedó pensando, sin saber qué más decir, pero dándole vueltas a algo. Mientras, la chica de los leotardos excéntricos seguía agarrada a su cuello.
-Mira, no sé qué me queréis decir con esto.
-¿Sabes cómo se llama el libro?. "Suicidarse de a poquito".
-Es mentira. Todo esto es mentira. Él murió (quizá podamos escoger nuestra derrota). De hecho no existe. Ni vosotros tampoco. Y lo único que se llama "suicidarse de a poquito" es este relato. Pero...¿qué lo diferencia de la realidad?...

7.1.06

Untitled

Aparecieron de repente en la oscuridad. No sabían cómo habían llegado, ni dónde estaban. Cuando los ojos se acostumbraron a la escasez de luz, se dieron cuenta de que estaban en una casa vieja, grande y sin muebles. Al principio se creyeron solos, pero escucharon ruidos y notaron que había alguien más. Un hombre y una mujer, sin cara, ni edad, ni voz, sólo unas sombras. Anduvieron perdidos, tocando las paredes y rozando el suelo para conocer el enemigo, la casa. Cuando se cansaron de rastrear, sin atreverse a hablar, se sentaron, uno de frente al otro, a esperar.
Pasaron las horas, el frío arreció, acurrucados y ya sin hambre, a ninguno le venía el sueño. Recordaban y añoraban su vida anterior. Imaginaban dónde estarían en ese momento sus seres queridos, maldecían el azar horrible que les había separado de sus destinos y, por generalización, a la persona que tenían al lado.
Llegó una silueta, la mujer empezó a sollozar, la nueva sombra la abrazó y empezaron a susurrarse al oído. Él supuso que era su marido. No lo aguantó. La odiaba. Se sentía más solo que nunca, aparte, sin sentido. Deseó que muriese, que desapareciese, mejor aún, que desapareciesen los dos.
Ella lo oyó, y le preguntó que porqué pensaba eso. No lo sé, simplemente te odio. Y sin decir nada, abrió la puerta y empujó a su marido. ¿Porqué has hecho eso?. No lo sé. ¿Me odias?. Sí.
Se sentaron juntos, de lado,sin mirarse. Se acomodaron lo mejor que pudieron a las horas y la escarcha y, de nuevo, esperaron.
Por primera vez en diez días durmieron. Se despertaron alegres, con la sonrisa iluminada y vergonzosamente felices. Soñaron lo mismo. ¿Sigues odiándome?. Más que al demonio. ¿Ni siquiera te caigo bien?. Simplemente me das igual, no te veo la cara, eres un fantasma que ha evitado que mi vida siga. Sólo son fantasmas tu pasado, yo estoy aqui, tócame. ¿Quieres que te toque?. No. ¿Entonces?. No lo sé, mi cuerpo tiene más voz que yo, últimamente, creo. ¿Quieres que te toque?. Sí.
Acarició su brazo, besó el cuello de la nuca al hombro, pálidamente, despacio, casi etéreo. Te odio. Única carne y sol que tengo. Te odio hasta las entrañas. Todo mi cuerpo se asquea de no verte, de ser lo único todo en la oscuridad. Muérete feliz lejos de mi angustia.
Cada uno en un extremo de la casa, arrinconados, alargaban la mano hacia el pasado, queriendo huir y esperando.
Soñaron que su vida anterior era imaginada, que nacieron en una casa oscura y vieja, al lado de otra persona. Soñaron que trabajaban, desayunaban, dormían, pensaban, sentían, opinaban. Soñaron que no estaban en una casa negra y derruída. Soñaron que nunca existió la luz. Soñaron que podían elegir el sueño, y que no estaban al lado de una sombra, sino de más.

4.1.06

Recuerdo

Me levanto temprano, moribundo.
Perezoso resucito, bienvenido al mundo.
Con noticias asesinas me tomo el desayuno.

Camino del trabajo, en el metro,
aburrido vigilo las caras de los viajeros,
compañeros en la rutina y en los bostezos.

Y en el asiento de enfrente,
un rostro de repente,
claro ilumina el vagón.

Esos gestos traen recuerdos
de otros paisajes, otros tiempos,
en los que una suerte mejor me conoció.

No me atrevo a decir nada, no estoy seguro,
aunque esos ojos, sin duda, son los suyos,
más cargados de nostalgia, quizás más oscuros.

Pero creo que eres tú y estás casi igual,
tan hermosa como entonces, quizás más.
Sigues pareciendo la chica más triste de la ciudad.

Cuánto tiempo ha pasado desde los primeros errores,
del interrogante en tu mirada.
La ciudad gritaba y maldecía nuestros nombres,
jóvenes promesas, no, no teníamos nada.

Dejando en los portales los ecos de tus susurros,
buscando cualquier rincón sin luz.
"Agárrate de mi mano, que tengo miedo del futuro",
y detrás de cada huida estabas tú, estabas tú.

En las noches vacías en que regreso
solo y malherido, todavía me arrepiento
de haberte arrojado tan lejos de mi cuerpo.

A ahora que te encuentro, veo que aún arde
la llama que encendiste. Nunca, nunca es tarde
para nacer de nuevo, para amarte.

Debo decirte algo antes de que te bajes
de este sucio vagón y quede muerto,
mirarte a los ojos, y tal vez recordarte,
que antes de rendirnos fuimos eternos.

Me levanto decidido y me acerco a ti,
y algo en mi pecho se tensa, se rompe.
"¿Cómo estás? Cuánto tiempo, ¿te acuerdas de mí?"
Y una sonrisa tímida responde:

"Perdone, pero creo que se ha equivocado".
"Disculpe, señorita, me recuerda tanto
a una mujer que conocí hace ya algunos años".

Más viejo y más cansado vuelvo a mi asiento,
aburrido vigilo las caras de los viajeros,
compañeros en la rutina y en los bostezos.

31.12.05

Todavía viva

Aquí estoy. Sin ganas de escribir, pero con la necesidad de decir algo. ¿El qué?. No lo sé. El folio está en blanco y se me dibujan imágenes, todas parecidas. Tendré poca imaginación. Intento escapar de las ideas de siempre, pero vuelvo a caer en mis propios tópicos.
Ayer hubo susto. Cuando alguien se pone enfermo en Navidades es como más desgracia aún. Y esta noche, además, comeré las uvas en el hospital esperando la llegada de mi sobrino. Si es que las como. Aunque me da igual, no me gustan las uvas.
A veces parece que todo sale al revés. Debería haberlo conseguido antes de que naciese, pero no. El crío se adelantó, y yo me atrasé.
Qué indiferente, qué frío y pesimista suena todo esto. No me gusta. Pero no puedo evitarlo, como dice Valmont, no puedo evitarlo. Me gustaría escribir algo con humor, optimista...No puedo...Siempre es alegre la venida al mundo de un niño...Pero va a traer problemas este bebé, y no puedo olvidarme de eso.
Una vez me dijeron que no se le podía pedir tanto a la vida, que entonces todo se vuelve frustración. Desde entonces pienso que mis desilusiones son fruto de las enormes esperanzas que tengo en la vida, en la humanidad. Hasta que llega el palo, la derrota, el cabreo, la tristeza y de nuevo las esperanzas, la ilusión...Hasta la siguiente caída. Así que, si a alguien le importa, no os pongáis tristes porque yo lo esté. Simplemente vedlo como mi continua cadena de deseos e impotencias, de ilusiones y decepciones. Como el ciclo de la vida (ahora me parezco al rey león), nacimiento y muerte. Cuanto más "extremado" se es, sensible, apasionado, vitalista, o como se quiera llamar, vives todo más a fondo. Hasta el último detalle se te graba a fuego. Los sueños son mayores y más altos. Pero las caídas más profundas. A veces soy adoradora de mi imposible moderación. Otras veces se me dibuja como el sueño de la muerte en vida. Y para bien, o para mal, por lo menos por ahora, quiero sentirme viva. Aunque sea a base de golpes. Así que,en el nuevo año, abriré los brazos a los fracasos y los saludaré con un: "aquí estoy, todavía, viva".

28.12.05

Para los que sólo tienen "La otra Navidad"

Ten Esperanza. Si hay nubarrones, si hay desengaños y no ilusiones, descoge el ceño, su sombra es vana, que a toda noche sigue un mañana.

Ten Fe. Doquiera tu barca empujen brisas que braman u ondas que rugen, Dios (no lo olvides) gobierna el cielo, y tierra, y brisas, y barquichuelo.

Ten Amor, y ama no a un ser tan sólo, que hermanos somos de polo a polo, y en bien de todos tu amor prodiga, como el sol vierte su lumbre amiga.

Crece, ama, espera! Graba en tu seno las tres, y aguarda firme y sereno fuerzas, donde otros tal vez naufraguen, luz, cuando muchos a oscuras vaguen.

Schiller

La otra Navidad

Las cañerías están atascadas. Todo huele a mierda. Huyendo del olor comí ayer fuera en un restaurante. No había otro sitio que al lado de los sevicios. Una corriente helada venía de vez en cuando a enfriar mis pensamientos. Navidad. Cada luz o muñeco que veo me recuerda qué pocas posibilidades tengo de celebrar nada. Lo parecidos que son estos días a uno normal, y qué lejos está lo que yo creía Navidad. Millones de personas en el mundo, y a todos los siento tan lejos, tan falsos, tan prediseñados. Creeríais que ahora vienen los recuerdos de cuando tenía Navidad. Pero no. Ya no me creo ni eso. O es que simplemente no me acuerdo. No lo sé. Lejanía. Todo tan lejos. Recuerdos, esperanzas, fiestas, sonrisas. Estoy anestesiado a todo. No noto nada excepto asco, temor y pena. Quisiera huir, huir, pero no sé a dónde. Volar muy alto, fuera de aqui. Pero me perseguiría el olor a mierda allá donde fuese. Caer, caer hacia abajo metros y metros, notar el aire del descenso en la cara, y un segundo tan rápido, sin transición. Algo frío en la sien derecha. Un ruido brusco, tremendo, y todo terminado. Nada podrá ser tan malo como esto. Y es el único modo de quitarme el olor de encima.

20.12.05

Ante las ruinas

Dame un abrazo que borre todos los miedos y dudas.
Sujeta los extremos de mis penas, que el suelo se tambalea.
Que todo el universo se serene ante tus palabras,
que el cielo respire azul tus noches,
que huela a nube cálida y vaho sin frío.

Acércate sincero a mi genio quebrado,
rescata los dolores escondidos y cámbialos
en risas tontas e indiferencia estúpida.
Si la vida aprieta, pero bien,
si la vida hiere en lo más hondo,
que tu sonrisa cicatrice pasados
y calme obsesiones.

Yo poco podré hacer, convencer inútil
a la retórica de que seas feliz,
darte la mano sin soltarte ante los baches,
y decirte que soy, que estoy.
Poco más. Nada más.

15.12.05

A mis soledades voy

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.
¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!
Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.
Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.
De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.

Lope de Vega

13.12.05

Tres personajes en busca de autor. Sonia

Tuve la seguridad de que iba a hacerlo desde el principio, a costa de lo que fuese, no podía seguir así. Me fui a su ciudad, lo busqué por trabajos y casas. Con el poco dinero que me llevé dormía en hotelitos de mala muerte, con agujeros en las sábanas y comía bocadillos. Me costó encontrarlo, pero un buen día, siguiendo el rastro del empleo anterior, lo ví. Los pies un poco para adentro, la sonrisa exagerada e imprevisible, todo igual. Excepto la expresión, mucho más desesperanzada, como ausente. Cogió el coche y, por ese día, lo perdí. Durante un año espié su rutina, sus hábitos, y ya sé dónde suele ir. Cuando se enfada con su mujercita va solo a salas de conciertos y bares a ver qué señorita solitaria cae en sus redes. Casi siempre cae alguna. Se las lleva a su pisito de soltero y lo abandonan al amanecer, lo justo para que le dé tiempo de llegar a su casa sin sospechas no más fundadas que de costumbre.
Me quedé sin dinero, así que me planteé ir a casa, pero me es imposible. Debo estar aqui. Así que empecé a alargar la mano y esperar a que me la llenasen, los desconocidos, de monedas. Pero no daba para casi nada. Dormía en los parques, portales. Les decía que se me habían quedado las llaves en el piso y normalmente me dejaban. Mientras le esperaba, dibujé lo que diferenciaba un día del anterior. Sólo eso. Sin repetir nunca lo que ya había dibujado. Y llegó un momento en el que ya no pude pintar nada. Es hora de hacer algo.
El portero de su oficina ya me conocía y no sabía qué hacer conmigo. Una chica joven que pinta todos los días delante del edificio gris y que se va cuando ya todos se han ido. Una mañana se me acercó, intrigado, y me preguntó que qué hacía allí todas las mañanas. Le conté todo, incluido desde que nací, y esa noche dormí en sábanas limpias, colchón mullido y con el estómago lleno. Me volvió a ver, pero se hizo el desentendido. Ya estuvo solucionado el problema portero. Aunque le cogí cierto cariño, fue el único al que hablé en más de un año, y estaba tan limpia su cama.
Había que hacer algo, pregunté si sobraban trabajos, de lo que fuese. No sobraban, claro. Pero no paré hasta que pude hablar con el director. Un viejo verde y gordo que sólo tenía ojos para el roto de mi pantalón a la altura del muslo. Mejor, más fácil. Me dijo que seguro que habría solución para una chica tan guapa como yo. Y la hubo. Me dió el trabajo. Después de arcadas, pesadillas y repugnancia durante tres noches. Carnes temblonas al ritmo de mi angustia. Tres noches. Pero logré el empleo en su misma oficina. No podía verme. Ahora tenía que ingeniármelas para que no me conociese. Esperaré a tener dinero y me teñiré el pelo, por ejemplo, no puede saber que estoy aqui.

6.12.05

Si

Si guardas en tu puesto, la cabeza tranquila, cuando todo a tu lado es cabeza perdida. Si tienes en ti mismo una fé que te niegan y no desprecias nunca las dudas que ellos tengan. Si esperas en tu puesto, sin fatiga en la espera. Si engañado, no engañas. Si no buscas más odio, que el odio que te tengan...Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres. Si al hablar no exageras lo que sabes y quieres. Si sueñas, y los sueños no te hacen su esclavo. Si piensas y rechazas lo que piensas en vano. Si tropiezas el triunfo, si llega tu derrota, y a los dos impostores les tratas de igual forma. Si logras que se sepa la verdad que has hablado, a pesar del sofismo del orbe encanallado. Si vuelves al comienzo de la obra perdida, aunque esta obra sea la de toda tu vida. Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría, tus ganancias de siempre, a la suerte de un día, y pierdes, y te lanzas de nuevo a la pelea, sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era. Si logras que tus nervios y el corazón te asistan, aun después de su fuga, de tu cuerpo en fatiga, y se agarren contigo cuando no quede nada, porque tú lo deseas y lo quieres, y mandas. Si hablas con el pueblo y guardas tu virtud. Si marchas junto a reyes con tu paso y tu luz. Si nadie que te hiera, llegue a hacerte la herida. Si todos te reclaman y ninguno te precisa. Si llenas un minuto envidiable y cierto, de sesenta segundos que te lleven al cielo....Todo lo de esta tierra, será de tu dominio, y mucho más aún, serás hombre, hijo mío.

Rudyard Kipling

3.12.05

Gustavo

Nació sin sentir, no dió tiempo ni de venir al médico, del hambre que tenía. No le bastó con el pecho, tomaba también biberón. Se reía por nada, vestido con su albornoz y los puños apretados, como un boxeador precoz. Soy el dragón de la dronguinela, que cojo tu colita y te la como entera. Y, y, y, como me pongaz otto cedo llamo a mi papá, y viene, y te pega do ho-tia. En esos veranos todas las ventanas se dejaban abiertas y sólo se escuchaba la sintonía del "un, dos, tres". Toda la familia embobados e iluminados al compás del programa. Su grupo de amigos y él se agachaban, sin hacer ruido, ssshhhhh, lanzaban un petardo y salían corriendo a esconderse. ¡Quién ha sido, me cago en los niños, como os coja!. Recogía gorriones caídos del nido y los criaba. La mayoría se le morían. Lloraba, rabiaba, pero en seguida salía a buscar más desamparados. Tuvo tres, dos machos y una hembra especiales. La hermana que hacía de madre y cantaba como un ruiseñor, Gabi se escapó y Peque, por fin, murió de viejo. Se le subía a la cabeza, se escondía en el bolsillo de la camisa, recorría los altos de los armarios y hacía su trinchera encima de los libros. Se parapetaba hasta que aparecía un dedo y saltaba encolerizado croando, más que piando, e hinchándose. Hecho todo un globo de plumas y malos modos le endurecía el dedo de tanto picotazo.
Y un día decidió ir a la playa, aparentemente relajado, para disfrutar lo que le quedaba. Respiraba hondo mirando hacia las olas y a las gaviotas que cruzaban el cielo. Ese día había más gaviotas que nunca, parecían bañistas domingueras en el suelo, pero en el cielo, como el albatros, eran extrañas, se acercaban demasiado, se notaba hasta el aire que movían en sus aleteos, intentando no pensar que podía ser una premonición, negativa, una despedida. Del que amó tanto a los pájaros.
Temblaba con su pijama azul de hospital, pero dibujaba una media sonrisa como podía. No os preocupéis, no es nada.
Vino un celador, cogió su cama, con ruedas, y se lo llevó. Lo seguimos, con el corazón en un puño. Él hablaba y hablaba. No os preocupéis, no pasa nada. Hasta que llegamos a un pasillo. Despídete. Ahora mismo os veo. Si, sí, no es nada. Los músculos de la cara dejaron de responderle, se le cayó el gesto al suelo y empezó a llamarnos. Sólo decía nuestro nombre. Y agarraba la mano de ella, desesperado, con los nudillos blancos de la presión. La camilla tamborileaba, su gargantaba se cerró, no pudo soltar una palabra más y, en cuanto salió la primera lágrima, soltó la mano, volvió la cabeza y se lo llevaron. Cada uno de nosotros nos dispersamos, escuché gritos, no sé qué decian, jadeos, lloros, y alguien sentado hierático, congelado, mirando una pared.
Tenía la piel morena, suave y brillante como cuando vestía el albornoz de boxeador. Qué bonito estaba, era algo hermoso. Siempre se duchaba dos veces al día y olía como los ángeles. Don Limpio le llamaba. Ahora tenía el pecho abierto, con un esparadrapo del cuello al ombligo. Todo el torso lo tenía manchurreteado todavía de sangre. Las manos heladas y vibrando al ritmo de una respiración artificial que salía de un acordeón de viento, rodeado de tubos y cables que acababan en él. Daba igual. No daba miedo, no era parte de un aparato. Estaba bellísimo. Aunque sus costillas estaban separadas, aunque su espalda era el doble de ancha, inflamada, dilatada. Aunque su boca se prolongaba en un plástico gris.
Me dijo que tenía miedo, sólo a mi. Sólo conmigo se desató, roto, desesperanzado. No se lo digas a nadie más. Puede pasar cualquier cosa. No pienses en eso, no es así, ya verás. Ojalá. Mirando hacia abajo, caído bajo un peso enorme, indefenso, vulnerable vulnerado. Me cogió la mano, para despedirme. No quería centrarme en esa mano. Tengo que animarle. Yo, caída bajo un peso enorme, no pasa nada, tranquilo, ya verás, creéme. Y me llevé su gesto, sus lágrimas que secaba ya para la próxima visita. Tan blanco, tan brillante y hermoso como un ángel.

1.12.05

Gira, gira.

Me refugio en relatos para no tener que contar una vida rutinaria, mediocre y triste. Si contase mi vida tendría que reconocer que, con mi edad, cerca de los treinta ya, no tengo nada propio. Que todo lo poco que he conseguido me ha costado sudores y lágrimas. En cada viaje que hice me dejé cosas por el camino y sólo me tengo a mi. Alguien que tiene que creerse segura, capaz, influyente, para conseguir algo. Pero me canso de todo eso y chillo aunque sea con mis gestos que sigo siendo la misma niña con dudas, en busca de protección, con miedo a todo, que le afecta todo, que no soporta ver a alguien pasándolo mal, un mendigo, un perro muerto, ya tiene el día por los suelos. Unas veces orgullosa de saberse parte del problema, y no lavarse las manos ante ello, otras veces de gilipollas para arriba por implicarse en cosas sin solución. Todo es un papel más. En el trabajo la responsable, puntual, seria y observadora. En el momento de salir sabes que es una obra sin escenario, todo. Y llegas a tu casa de noche, cansada, el corazón acelerado, ahora te toca estar contigo a solas, sin personajes. Y te das cuenta de que tú no eres más que tus miedos, tus preocupaciones y ese silencio tan inmenso que se hace a tu alrededor, más oscuro que la noche y tan mentira como tú. Piensas que total para qué, la realidad te ha llegado hasta el cuello y sabes que no hay nada detrás. Sólo otro día, otra mañana, otra noche que esperas que no sea en vela. Y con la sensación de que un buen día es un día con mucha actividad que te distraiga, y en que llegues a conseguir no recordar que te estás distrayendo. Olvidarse de pensar y de darse cuenta de que piensas. Y sólo vivir. Tan simple y tan difícil.

29.11.05

Las piedras no se pueden comer

Todavía no es Diciembre, y ya estamos en Navidad. Toda la ciudad decorada con luces, Papá Noeles, "Felicidades" y villancicos. Hay más gente en las calles que nunca, casi a cualquier hora, comprando, mirando, parejas que se dan la mano, niños pequeños con cinco o seis juguetes en cada mano, carricoches que en la multitud se hacen enormes, colores, risas y bufandas. Esta es la ciudad que anda, que corre, que tiene cosas que hacer, que mirar y que comprar. Sentados en los rincones y apoyados en las paredes está la otra Sevilla. Una anciana sin piernas en una silla de ruedas, con los ojos en el horizonte. Un cuarteto de cuerda tocando el "Adagio" de Albinoni. Chicos jóvenes, argentinos y limpios. Los peruanos, todos pequeñitos e iguales, casi tan bajitos como sus hijos, mostrando encima de las mantas los jerseys, guantes, bolsos y bufandas multicolores. Debe ser verdaderamente Navidad. El otro día pasó un coche de policía a su lado y no les dijeron nada, hicieron como que no les vieron. Y no todos son extranjeros. Hay españoles, de unos cuarenta años, sucios, muy sucios, casi negros y esqueléticos, que extienden una mano con la cabeza agachada y los ojos cerrados, como con vergüenza. Siempre son hombres, pero me extrañó ver hace unas semanas a una mujer muy joven, echada en el escalón de entrada de una casa antigua, entre cartones, acariciando a un perro muy grande y pulgoso. La miraban sorprendidos. Tan joven, tan guapa. Incluso un hombre sacó de su cartera algo así como un billete. Luego están los gitanos, nunca se sientan o se apoyan o se paran. Son los únicos que piden de manera activa, no esperan, te persiguen, te gritan y si no les das dinero, más de un euro, claro, por su ramita de romero, te maldicen, insultan y, a veces, escupen al suelo. Y fuera de la muchedumbre, en los semáforos de la ciudad, los subsaharianos que venden pañuelos, en verano sudando, cuando llueve bajo un paraguas viejo y roto atado a un gorro de lana o a la chaqueta (no sé cómo) y en invierno tiritando.
Hace unos años hicimos por Navidad un trabajo para la universidad, nuestra buena obra del año, ir a hablar con los "sin techo". Nos encontramos con un hombre de unos cincuenta años, canoso, de pelo muy largo y barba, que siempre estaba rodeado de perros y gatos, más de cinco. Fuese a donde fuese le seguían, obedecían y por las noches le daban calorcito mejor que la mejor manta. Les enseñaba a dar la patita, no se peleaban nunca entre ellos, y no se separaban de él más de dos pasos. Era Yugoslavo. En la guerra se había quedado sin casa ni familia ni trabajo, sin nada. Y tampoco se podía quedar allí, pues era bosnio en tierra servia, y le iba la vida en ello, así que tuvo que partir. Como no tenía dinero fue andando a lo largo de Europa durante años, siempre en busca de un tiempo mejor que no le hiciera más difícil dormir al aire libre, hasta que llegó a España. Le gusta por el clima, poco frío, y la gente suele ser solidaria y les ayudan, a él y a sus animales a comer. Pero cuando vienen los trabajadores sociales y le mandan a un albergue no le gusta nada. Lo de bañarse le da igual, pero lo que no soporta es dormir, mirar hacia arriba para que las estrellas le canten la nana de todas las noches, y encontrarse con un muro de ladrillo y hormigón.

24.11.05

Les mots

Se escapa la "torta", sale, y te da un bofetón. Pero si en el libro pone "torta" de dulce, de pastel. Como puede pegarme una colleja una tarta. Ellas huyen, igual que nosotros, si no están en un ambiente agradable. De una "flor" y un "sol" nace un paisaje. De la "oscuridad" y la "lluvia" la melancolía. Hay algunas que están viejas, son ancianitas cansadas de vivir, de las que sólo hacen uso los nietos, traviesos y todavía inexpertos que juegan con sus primeros amores y sus ausencias ("sin ti no soy nada", "desde que no estás no soy el mismo"...). Los seductores las conocen como nadie, las manosean, traen y llevan, mientras ellas, rendidas por su poder, se desatan en forma de milagro, en arte, belleza ("puedo escribir los versos más tristes esta noche, pensar que no la tengo, sentir que la he perdido, oir la noche inmensa, más inmensa sin ella, y el verso cae al alma como al pasto el rocío"). Pero nunca encontrarán el pretendiente perfecto, el que las sepa hacer el amor como ellas quieren, el que las perfeccionará y perpetuará. Porque siempre es cuestión de gustos, tienen que estar de acuerdo todas y...son muchas.
Se escapa el bofetón del libro y me trae un pastel. Es un paisaje donde reina la melancolía. Todas son viejas que espían a sus nietos inexpertos, esperando el milagro, lo que las perpetuará. Pero son muchas...
La torta sale en busca de un ambiente agradable, donde nunca haya lluvia. Juega con sus primeros amores, los manosea y espera el pretendiente perfecto. Pero ninguno da en sus gustos, aunque sean muchos...
Huyó en busca de soles, flores, pasteles, donde no quedase nada de oscuridad. Pero cuando salió se dió cuenta de que era viejo, no era el mismo. Habían tomado terreno las ausencias, el cansancio, los nadie, el poder. La belleza sólo era un sueño perfecto, perpetuo, con el que él mismo no estaba de acuerdo. Aunque esto no evitaba que hubiese muchos...
Creo en el "Sueño" Santo, la santa "Melancolía", la comunión de los "nadie", el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos, y la vida eterna. Amén.

21.11.05

Vas a morir

Sale del bar con las manos en los bolsillos. Enciende un puro y se sube el cuello de la gabardina. La ciudad está húmeda y las aceras brillan. Sus pasos resuenan en toda la calle solitaria, y un camión, quizá de la basura, se oye a lo lejos. Con la cabeza hacia abajo, mirando al suelo, ve un charco rosa. Se aproxima, algo se mueve, de rosa a verde, de verde a azul. Intenta tocarlo, pero las manos sólo rozan agua. Cuando aparta el brazo aparece una cara, ni de hombre ni de mujer. Los ojos grandes y fijos en él. Vas a morir. Vas morir. Sale corriendo, los ojos desorbitados, se esconde en un callejón sin salida y, mirando hacia el charco, intenta relajarse. Se para, mira sus pies y ve que está empapado. Va aumentando poco a poco el nivel del agua, hasta llegar a las rodillas, a los muslos, a la cintura. Y entonces un reflejo rosa que se convierte en verde, luego en azul. Corriendo, esquivando los charcos, se sube en el sitio más seco que ve, mira alrededor, no hay nadie. Observa un objeto metálico encima de un banco, lo coge, lo apoya en su sien derecha y dispara. Justo encima de donde cae, ya cadáver, hay un cartel de luces de neón, de colores intemitentemente rosa, verde y azul. Una mujer asesinada posa al lado del título de una película, "vas a morir".

16.11.05

Néstor II, la "vonela"

Ahí estaba. Fumando, apoyado en la pared, sin perder rastro de cualquier paso femenino. Lo recordé pidiéndome apuntes. Los únicos que parecíamos perdidos el primer año de facultad. Siempre sonreía y no formaba parte de ningún grupo en especial, como yo. Y sus ojos de extraterrestre, gatunos e inmensos. Y durante cinco años, nada.
Entramos en la clase, todos estábamos nerviosos. Era una asignatura práctica, de implicación muy personal. Psicoterapia de grupo. Si queríamos ser buenos profesionales teníamos que perder los miedos, las inseguridades. Nos dejábamos muchos hasta el alma en los ejercicios. Hoy tocaba representar con el cuerpo lo que para nosotros era una pareja. Sale uno al centro, elije a sus "víctimas" y con ellos crea una escultura que simbolice lo que para él significa ese rol. Toda la hora estuvimos mis amigos y yo cruzando los dedos para que no nos nombraran. No se sabía dónde estaba el límite, imagínate que a uno le da por hacer que toques el culo al que tienes enfrente o vete tú a saber. Hasta ahora era muy suavecito, no había roces ni proximidades peligrosas. Entonces salió voluntaria una chica. Le miró, al chico perdido. Se hizo el distraído pero nada, le señaló con una sonrisa. Se levantó y se puso a su lado. Ella seguía su ejecución particular, nos miró una a una eligiendo su víctima femenina. Y lo supe. Voy a salir yo. Lo sé. Lourdes, me van a sacar a mi, ya verás. No me atrevía ni a levantar la cabeza, y menos hacia él. Mirando al suelo para que no fuese visible mi presencia, vi que los zapatos de la muchacha se dirigían en línea recta hacia mi. Mierda, no, no. Y escuché, tú. Miré, por mero reflejo, y me estaba sonriendo. Salí disparada, mientras ella le decía que tenía que sentarse. Cogieron una silla, yo esperaba, veía cómo me miraba toda la clase, las manos se movían solas, y clavé en mi cara una media sonrisa de cartón de disimulo que se quedaría más bien, digo yo, en una mueca de pánico contenido. Una vez sentado, ella me dirigió hacia la otra silla, cogió mi cabeza y la apoyó en su hombro. Mis ojos deberían estar dilatados al máximo, yo por lo menos los sentía escaparse. Y su olor. Un olor como de jabón antiguo. Y la lana incrustada en mi cara. Pero ella seguía moviéndose, y colocando nuestros miembros, unos tras otro, y yo con la cara hemipléjica. Su brazo se colocó encima de mis hombros, mientras la otra mano acariciaba mi pelo. Y en un último acercamiento desesperado, cuándo va a acabar esto, pegó su mejilla a la mía. Empezó a subirme desde la planta de los pies una especie de angustia atávica, de convulsión inmóvil que me dibujó un sueño con una postura muy parecida, un hombro, una cara, un pelo, un olor exactos. Y el retumbar eléctrico que me hizo levantar de un salto. No me gusta, mmm, es que no se miran, en una pareja debe haber comunicación. Como me vió el profesor tan impulsiva y con tanta furia y ansiedad me dejó hacer. Por lo menos no estoy ahí. Elegí a mi amiga y a él mismo, ya que estaba en el "escenario". Les puse de frente y a mirarse. Ya está. Sí, no se me ocurrió nada mejor. Los temblores no suelen dejar pensar muy sofisticadamente, que digamos. Ya más tranquila, incomprensiblemente alegre, salimos para irnos ya a casa, cuando me enteré de que Lourdes tampoco lo había pasado muy bien. A quién se le ocurre, ponerme a mirar al más guapo de la clase, yo, con mi estrabismo, qué verguenza. Riéndo sin parar, risa nerviosa todavía, oímos que nos llamaban. Era un amigo común que venía con él. Después de cinco años, dos veces en un día. Oye, ¿porqué no quedamos para ir al cine este jueves?. Y fuimos.

14.11.05

Antiescritura

Escuché por ahi que la escritura debería ser actualmente una antiescritura. Romper el lenguaje desde el lenguaje sería el mayor tributo y el único modo de revitalizar un arte que muchos creen muerto. Y, ante un folio en blanco, no hay vez que piense lo mismo, si está todo escrito. El problema es qué escribir que signifique una ruptura, que siga siendo legible, tampoco es cuestión de escribir una letra sobre otra. Y quizá, el que dijo eso no sabía ni a lo que se refería. Muchas veces decimos cosas que suenan bien, pero ni nosotros mismos sabemos qué significa. Otro obstáculo es cómo poder salir del ciclo de nuestros pensamientos cotidianos, que sería ver un mundo fuera del nuestro desde el nuestro. ¿Es algo de esto posible?...
Un sueño le dijo a la realidad, yo soy más capaz que tú. Soy omnipotente, multiforme y personal.
Y la realidad le respondió, sí, pero no eres creíble.
Hay quienes piensan que se escribe porque falta algo, porque no se es feliz...Hay veces que me entristezco y me averguenzo de tener necesidad de escribir, mientras, ahi fuera, siguen pasando los segundos, los días, las noches, las voces, las calles, las caras, las risas, los ojos...Hay veces que me abandono cuando me doy cuenta de que sigo esperando algo, algo así como un rescate, como un atardecer de desahogo vital en el que todo, por fin, cuadre. Y veces en las que me río de mí misma y de mi ridiculez al ser consciente de que ese atardecer está aqui, o no vendrá o no existe.

13.11.05

Críticas someras

Me retan, (que diría un amigo) a que escriba reflexiones, sentimientos, sin intermediario de relatos. Me cuesta, pero como en un blog hay libertad, tiempo y espacio, lo intentaré. Acabo de leer un blog (Pakit Txokolat) que me ha impresionado por su sinceridad y nada de prepotencia. Estoy pensando en que no me gusta la crítica de otros blogs, no soy nadie para decir qué está bien o mal. Por lo mismo no incluyo reseñas de libros o escritores, eso lo dejo para mi intimidad cuando leo por las noches. Aunque por una vez me voy a explayar, son mis opiniones, fuera borda y sin enganche. Me repele Maria de la Pau Janer, y el premio Planeta en sí, no entiendo qué hacía alli Joan Marsé. Tampoco soporto a Lucía Etxebarría. He intentado leer libros enteros suyos, pero no he aguantado la colección de tópicos de "la chica independiente y culta que soy". Me salen herpes cada vez que veo la cara de endiosado de Brad Pittes y compañías (Además de simiesca). Idolatro cada uno de los gestos de Max Von Sydow, Stephen Rea, Federico Luppi, Héctor Alterio, Dirk Bogarde, Cary Grant... El cine español (la mayoría) me sigue pareciendo de pocas miras, excepciones como el modo de contar las cosas que nunca te dije de Isabel Coixet (cuando no roza lo pasteloso), siempre interesante el contenido de las películas de León de Aranoa, oasis en la historia incluso del director, como "Solas", el siempre loable (incluso fuera de gustos) Almodóvar. El cine francés me resulta, en conjunto, pedante y de unos primeros planos agobiantes y excesivos, pero de calidad superior. Sin olvidar Dioses de la talla de Truffaut, Godard, Resnais, Chabrol, incluso con películas muy malas. "Qué voy a hacer, no sé qué hacer, qué voy a hacer...". Del cine americano no voy a decir obviedades como que da películas increíbles, de las últimas como "Eternal sunshine of the spotless mind" (título magnífico como pocos). Y clásicos como L.A. Confidential (sí, es un clásico ya, y no tendría que haber perdido los óscars que perdió por la patraña de Titanic). Inolvidables momentos los que vivo cada vez que veo algo de Cassavettes, sobre todo "Maridos". Me emboba el cine oriental, Ki Duk, Kar Wai, el único lugar donde nace verdadera creatividad actualmente. Y directores que trago todo, Lars Von Trier, Kieslowski, Visconti... Películas que forman parte de mi, "Zorba el griego", "Muerte en Venecia". Inteligentes como "La mujer del teniente francés", "Las amistades peligrosas", "Inseparables" sobre novelas tan interesantes como ellas. Y películas buenas sobre libros malos como "El coleccionista". Y muchos que me olvidaré. Son sólo mis gustos.

9.11.05

Método de relajación nº3

Ohmmmmmm. Meditación. Concentración. Mi pie, la sangre, cómo está de caliente, cómo sube por el cuello, como noto el latir. Qué frio hace, cagüentó. ¿Cómo voy a imaginarme que sube la temperatura si hace un frío que pela?. A ver...Los dedos entran en calor. Calor. Nada, qué frío. Otro intento. El campo verde con la luz blanca. Vale. Muy mono. ¿Y ahora qué?. Qué mono el césped, qué luz más blanca, ahá. ¿Qué más?. Anda que...Y el último método, era...no me acuerdo, un nombre chino.
-Chakra.
- ¿Quién ha dicho eso?, joder, qué susto, quién es.
-Tu chakra.
-Anda ya, y yo soy el mandala de la santa compaña de la mandarina marrana.
-¿Quién soy?.
-Pues como no lo sepas tú...
-Tienes que elegir un chakra. Un espiritu benigno que te ayude y al que pedirle consejo. Ese soy yo.
- Ah, pero ¿también se dice espíritu en la filosofía oriental?.
-Bueno, me estás liando ya. Que digas un cachacara de esos.
- ¿Cachacara?.
-Otra vez... ¡¿quieres decirlo ya?¡¡.
- Y yo que sé. Pues elijo al que está leyendo. A ver. Tú. Eres mi chakra. Tienes que vestirte de hada refinada, con volantitos y todo. O no, mejor, Gael García Bernal todo para mi.
-Eso no es un chakra, no estás pensando precisamente en un consejero.
-¡Oye!, que si sirve para todo mejor que mejor, ¿no?. Ea, yo quiero un Gael de chakra.
- (vaya tela la niña...).
-Eh, tú, cacharra, aguántate que eres mi imaginación. Si te portas mal te borro.
- Pues te va a ayudar tu padre.
- Qué miedo, qué miedo.
-Ea, ¡me voy!.
-Si eres una creación mia, será que te echo yo.
-No, también puedo elegir. Ahora sí te aseguro que te vas a relajar. No se te va a ocurrir ni una palabra.
- ....................................

8.11.05

Sol de invierno

Se acercó a la ventana, estaba solo y aburrido. Hacía un tiempo espléndido y el sol se preparaba para esconderse. Enfrente, las cortinas de todas las ventanas del bloque se movían apaciblemente anunciando los próximos calores. En una de ellas se asomó una chica con ojos tristes, suspirando y buscando en el horizonte no se sabía qué. No es bella, pero y si...¿Cómo sabría...?. ¿Habrá algún sitio donde se escriba...?. Es todo tan complicado. Nos venden un mundo tan distinto. Estamos todos tan, tan lejos.
Abrió la ventana, qué buen día, qué atardecer más especial, tan rojo, tan vivo. Y qué aire tan dulce. Suspiró y mirando al horizonte recordó y pensó que todos los días que quedan serán peores, cuesta abajo. Que no sabrá si aguantará sus días de viejita, o de soledad, o las dos cosas. Que le duele todo mucho, que el precio de darse cuenta de las cosas es muy caro. Nada es como creía. Y la sensación de no encontrar refugio, de estar huyendo siempre hacia alguien, más que hacia algo, que realmente no existe. Vió un muchacho que tendría su edad, pensativo. Seguro que es feliz. Seguro que no le da tantas vueltas a la cabeza como yo, estará disfrutando del tiempo, lo que tendría que hacer yo. Cómo se respira en esta brisa. Qué calidez se siente a veces con este sol tan distante...

4.11.05

Insomnio ripio

Soy la causa de mis problemas, el crítico infatigable, a todo le falta el acento.
La originalidad no se busca, se encuentra.
Lo de la palabra que arañe el corazón es una mentira, qué puede hacer un gráfico que no hagas tú.
Para hacer reír hay que ser un chiste.
Cómo ser inmortal cuando eres del montón. Cómo creerse del montón cuando eres inmortal.
Es imposible muchos días salir de la cursileria de tu propia vida.
Es imposible no rozar la ñoñería cuando eres feliz, y es imposible ser feliz sin ser ñoño.
La lucidez es darse cuenta de lo estúpido que es uno, y de las pocas esperanzas que hay de cambio a costa de tu propia ignorancia.
El infinito y lo abstracto tienen cara material, para cada uno distinta.
Todos queremos impresionar sin demostrarlo, pero nadie quiere dejar claro que se intenta impresionar, y el anonimato y la mediocridad son una cara consecuencia.
Todos somos mediocres, fuimos creados para intentar superarlo, en la gran mentira de que habrá vidas suficientes para conseguirlo. Ni el chacra te ayuda ni el karma es la última vida, la más perfecta. Sólo no es mediocre quien no se lo cree y quien consigue por azares del tiempo y el espacio hacer creer a los demás que no lo es.
Creemos evaluar por globalidades, en realidad prejuzgamos por detalles. Son esos detalles la realidad. No hay globalidad.
El día que no pueda cambiar mi máscara cada vez que me levanto estaré muerto.
Cada día es un escenario distinto, un personaje distinto, sólo que no siempre hay público.
Se necesita público cuando representas una obra, y cuando no hay nadie...No hay obra, sólo amagos de gestos exagerados e imprecisos. Sólo una obra sobre otra resarce el error. Sólo una obra global hace ver las gradas llenas, en detalle huecas y rellenadas de miserias de obras anteriores.

-Duérmete, anda, no sabes lo que dices. La retórica es el cuento de las ovejitas para ti ¿no?.
-No, es mi ego con una pizquita de insomnio.
-El insomnio es coger el hábito de la retórica a horas intempestivas. Y jugar al ajedrez con la autoconciencia de la soledad, los miedos (nunca hay sólo uno), y las esperanzas (nunca hay sólo una).
-Al final todos somos iguales...

3.11.05

...Divino tesoro...



Leía Asterix en la biblioteca del colegio desde que tenía tres años. Una tarde, salió de clases de ballet y no encontró a sus padres. Los esperó media hora, una hora y no venían. Abrazada a sí misma, en Enero, sin chaqueta, aterida de frío, con el tutú y las zapatillas de bailarina y llorando la encontraron en medio de la carretera dos horas más tarde. No pasa nada, un malentendido. Quería ser chico, jugar a las chapas y a la peonza con su hermano, pero no le dejaba, era una chica. Curioseando todo, también el agua de una piscina, cayó y sólo sus tirabuzones sobresalieron durante unos segundos. Lo suficiente como para que la pudiera ver su primo. Cogió miedo al agua, no quería ni bañarse, así que la apuntaron a clases de natación y un año más tarde se sumergía hasta cuatro metros para coger el juguete de turno. No tenía amigos. Eran todos muy raros. Uno se meneaba agarrado a las rejas de su ventana, como un gorila. Sus vecinas ceceaban y no podían decir la r. Y como ella era la empollona del curso no la permitían jugar con ellos. Tampoco las de clase. Esa no que es una pelota. Lo único que hacía era obedecer a la maestra. En casa le decían que obedecer era bueno. No entendía. Desde la ventana los observaba en el recreo, el payaso de la tele, acción, verdad o beso... Ella elegiría beso si la dejasen. Acción era muy arriesgado, podían reírse a gusto de ti, y verdad era lo más aburrido, ¿qué secreto iba a tener que no quisiese contar?. Elegiría a Julián, la trata bien, son muy educados los niños con ella, las niñas no. Iba por la calle cogida de la mano con un tal Eduardo. Eso ya era ser novios, claro. Pero Julián era distinto. Quería estar con él, que fuese su amigo, contarle todo. Pero no se podía. No sabía porqué, pero no se podía. Tampoco sabía porqué cuando pensaba en la escuela se le venía su cara a la cabeza. Iba sola en autobús al colegio, tan sola que nadie supo nada de porqué llegó un día a casa con una mano marcada en la mejilla. Y ella era demasiado pequeña para contarlo. No como cuando la fea de trenzas le pintó todo el libro, de arriba a abajo. La insultaba, pisaba, tiraba de los pelos... Hasta que se lo contó a los padres. Ellos lo entendieron, son niños. Pero ella no, chillaba e inventaba enfermedades nuevas para no ir a la escuela. Seré buena, hago lo que me digáis, me pongo a trabajar ya. Con seis años nadie te va a contratar. Pues yo monto mi tienda, seré buena, la mejor, pero no me dejéis ir. Abrazádme, entendédme, no quiero ir, no puedo ir, por favor. No os vayáis, si no me pegará. No me dejéis ir. No me dejéis ir.