Nuria es una niña con la que trabajo. Tiene problemas académicos pero, en conjunto, es y forma parte de una familia feliz, en el más amplio sentido. El otro día me contó que ella no creía en las reencarnaciones ni que después de la muerte no haya nada. Algo tenía que haber, no se podía imaginar el vacío. Y tampoco quería que hubiese la posibilidad de llegar a convertirse en un bicho cualquiera, un sapo (aunque hay muchos sapos más guapos que algunos príncipes) o una cucaracha. Así que, a lo largo de sus, todavía, escasos días, ha ido formando la creencia de las vidas paralelas. Ella siente que, en este mismo instante, hay varias Nurias. Cada vez que tenemos la necesidad de decidir algo se abren distintas alternativas, con sus correpondientes consecuencias. Pues en su teoría hay tantas vidas como opciones distintas, que se van encandenando con las anteriores y así hasta el infinito. Esta idea le vino cuando escuchó la frase de "No hay nada más injusto que no vivir todas nuestras posibilidades". Así, ahora mismo, en otra dimensión, hay una Nuria mendigo, una Nuria princesa...Y no tuve más remedio que recordar la cantidad de veces que me he planteado qué hubiera sido de mi vida si en vez de actuar de una manera lo hubiera hecho de otra. Dónde estaría ahora, y cómo, si hubiera elegido otras cosas. Pensé que el hecho de no hacer nada también es una decisión, cuánto habremos perdido por cobardía, comodidad, y cuántas felicidades no hemos visto por orgullo, por no demostrar lo que sentimos, por miedo a no ser correspondidos y a hacer el ridículo. Para mi sorpresa, me dí cuenta de que busco y prefiero personas directas, incluso hirientes, sin miedo a decir y hacer lo que quieren, que se arriesgan. Iba a decir que las personas de las que me enamoro son así, pero no es verdad. Siempre me engañan...Será que la máscara de dignidad es la mejor coraza...Pero no hay frase más cierta que aquella "Nadie es solemne".





