De vez en cuando algún eco te traerá a mí. Recordarás momentos vividos, felicidades. Y regresarás a tu rutina como vuelve el agua a su curso. Con tus hombres, tus ocios y tormentos, dejarás a un lado mi nombre y tu pasado. Y mientras yo, doliéndome de cómo te llevaste la ilusión, quizá soñando, besando, aburrida, perpleja, imaginando. Recuérdame, como se recuerda que se está vivo. Como se recuerda que hay que seguir adelante, a pesar de todo. Recuérdame como una estrella fugaz siquiera, sin verla, deslumbrante. Pero recuérdame. No quiero darme cuenta de que no vivo en ti ni una mísera parte de lo que yo te poseo. Recuérdame, a pesar de los males, de la inutilidad, de la pérdida de tiempo. Recuérdame en tu cama, en tus labios, sólo un instante. Y habrá merecido todo la pena. Recuérdame y me regalarás el mundo en un sueño. Recuerda que el hueco es el mismo, que la soledad es por igual compartida, que tu reloj son los segundos que vivimos. Que estás ahora compartiendo e imaginando estas palabras, toda tuyas, como condenados están mis pensamientos a morir en tu destino de hada imaginada y negada. Sal de tu estúpida rutina, escapa de las hipocresías cotidianas, de fingir que existes, y vuelve a donde eres, a mi recuerdo.
F. H.
Ovillo
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Barthes mató al autor para que naciera el lector. Fue una muerte generosa:
alguien se apartaba del texto para que otro pudiera entrar. La segunda
muerte e...
Hace 43 minutos
