22.4.06

El destino llama a tu puerta

Era un día inestable, de esos en que no sabes si coger paraguas, tirantes o abrigo. El sol salía, se escondía unos segundos, y volvía a salir. Él en su casa se sentía como el tiempo, ahora le apetecía pasear, no hay suficiente sol, ahora quedarse en casa a ver una película, es muy aburrido para un sábado... Estuvo así desde que se levantó hasta que le llamaron. Fue un timbrazo largo, seco. Se asustó, no suele sonar así el teléfono.
- ¿Quién es?.
- Soy yo.
Se quedó sin habla, la boca abierta como el espacio por donde se va el tiempo, y los músculos rígidos. Pero lo cierto es que no lo conocía. No era una voz de hombre, ni de mujer. Ni aguda ni grave. No se acuerda en realidad de lo que se habló, escuchaba más los golpes de sus latidos, y el movimiento reflejo de su equilibrio. Miró las paredes de su piso, lleno de libros, trozos de su vida en ellos. El color de los muebles, como todos, marrón madera. La televisión, enorme, con orejeras surround, muerta desde hace tiempo. La moqueta, nido de ácaros que en grande serían como los monstruos de nuestras pesadillas. Todo igual. Pero se dió cuenta de que el suelo era azul, un azul que le hablaba, como el que aparece un día nublado entre nube y nube. Tenía un piso y un coche, que hasta entonces había visto enanos, y necesitados de reforma y limpieza. Un móvil con cámara, vídeo, y con el que se pueden bajar mp3. Detrás de la mesa, entre el sofá blanco y sus patas, había una carta de baraja. Era una reina de corazones. Y encima de la silla, un ajedrez clásico. Las fichas blancas de marfil, las negras de alabastro. La reina se elevaba entre las demás, alta y erguida, al lado del rey escuchimizado y cobarde. Todo estaba igual que años anteriores. Se acercó a un espejo y se miró. No tenía arrugas, pero la cara estaba más cerca del suelo que antes. Las entradas anunciaban el camino por recorrer en su cabeza y los ojos marcaban un arco triste, en vez de una sonrisa como siempre. Necesitó tocar el reflejo de sus ojos, sus mejillas, como si alguien le acariciase. Y pensó que esos ojos se pudrirían, fermentarían edad entre gusanos carroñeros. Y esos mismos ojos fueron la luz de muchos cuando fue bebé. Tantas esperanzas tenían todos los suyos en que fuera alguien especial. Esos mismos ojos brillaron de alegría al conocerla. Más que al conocerla, al sentirla. O mejor aún, al sentirla cuando ella no estaba. Esa cara demacrada y derrumbada, más por la desidia que por los años, eran piel de manzana en sus manos. Días enteros que pasaban juntos, tocando, jugando, experimentando, besando, amando, oliendo a vida, a juventud, a carne fresca, a agua de río en su curso alto. Ellos sólos se lavaban, el uno en el otro, el uno del otro. Y ahora, ese rostro tan limpio, entre duchas y afeites, no huele a nada. Escucha lo que sale del teléfono. Respira y espera.

14.4.06

Varios

"Abril es el mes más cruel,
criando lilas de la tierra muerta,
mezclando memoria y deseo,
removiendo
turbias raíces con lluvia de primavera"

T.S. Eliot


"Las noches complican la soledad del viajante.
Y en el hall,
de pronto,
la sospecha de que nunca se vuelve a casa"

Manuel Vázquez Montalbán


"Guardo en mis ojos
el calor de las lágrimas.
Las últimas.
Ya no llorarán más.
Por los caminos
viene el otoño
arrancando todas las hojas.
Oh, qué cansancio.
Una lluvia de alas
cubre la tierra."

Vicente Huidobro

5.4.06

La vida es hoy



Salí a la superficie y presencié el big bang. La antimateria de los agujeros negros no me desintegró y pasó el tiempo y pasó hasta que todo volvió a empezar. Los monos descubrieron el fuego, pero sin la música de Richard Strauss. Los dinosaurios desaparecen, sin Spielberg rodándoles. Napoleón vuelve a dárselas de conquistador, y no precisamente con su Josefina. La Bastilla es asaltada, eso sí, sin actores guapos. Hitler escribe un libro desde la cárcel que matará a millones de personas. Se suceden personajes que deciden asesinar a otros. El efecto 2000 no se da, ni se cae ningún satélite, ni hay tercera guerra mundial. Mi padre nace, mi madre nace, se conocen, nazco, y soy otra. Me veo y no me conozco. No me he mudado, no he conocido a unos y sí a otros que no conozco. Me quejo de otras cosas. Tengo cosas que siempre he deseado y me faltan las únicas que he tenido. Simplemente, el universo se expande, la antimateria se expande, las estrellas se apagan, el universo se contrae, se contrae, y un nuevo big bang. Mismas reacciones, mismas consecuencias físico-químicas. Distintas personas. Los fenómenos inorgánicos se pueden reproducir en las mismas condiciones y dar lugar a los mismos efectos. Los seres no. Y menos los humanos. Dicen que se ha intentado clonar a Hitler, y reproducir su ambiente de crianza, todo exacto. Y no le dió por escribir un libro, ni matar a gente. Todo porque en un momento de ese ciclo, ambas historias empezarían a diverger. ¿Y todo porqué?. Por una decisión inadecuada. Quizá ir por la calle de la izquierda en vez de por la derecha. Quién sabe. Quién sabe, en esta vida tan rutinaria y ya, tan manida, qué pasaría si tocásemos un botón distinto. Cómo seríamos en una nueva réplica del ciclo. Quizá hasta más altos. O felices...¿O eso será siempre igual?.
Sea como sea, la vida es hoy, lo anterior fue un modo, bueno o malo, de llegar hasta aquí...

27.3.06

Corazón coraza

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza
porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero si no te miro
amor
si no te miro
porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque la noche pase y yo te tenga
y no.

Mario Benedetti

Woody Allen said:

Las canas ya no se respetan. Se tiñen.

Los japoneses no miran, sospechan.

Cuál es el animal que después de muerto da muchas vueltas?..... El pollo asado.

Cuando un médico se equivoca, lo mejor es echarle tierra al asunto.

La música japonesa es una tortura china.

El eco siempre dice la última palabra

En los aviones el tiempo se pasa volando.

La marihuana causa amnesia y... otras cosas que no recuerdo.

Solo quien ha comido ajo puede darnos una palabra de aliento

Los mosquitos mueren entre aplausos.

Mi padre vendió la farmacia porque no había mas remedio.

Morir es como dormir, pero sin levantarse a hacer pis.

La inactividad sexual es peligrosa, produce cuernos.

Hoy en día la fidelidad solo se ve en los equipos de sonido.

Hay estudiantes que les apena ir al hipódromo y ver que hasta los caballos
logran terminar su carrera.

El negocio mas expuesto a la quiebra es el de la cristalería.

Algunos matrimonios acaban bien, otros duran toda la vida.

El matrimonio es como las libretas de ahorro: de tanto meter y sacar
se pierde el interés.

El diabético no puede ir de luna de miel.

Cuando todo sube, lo único que baja es la ropa interior.

Hay que trabajar ocho horas y dormir ocho horas, pero no las mismas.

Arreglar los problemas económicos es fácil, lo único que se necesita es dinero.

Disfruta el día hasta que un imbécil te lo arruine.

Amaos los unos "sobre" los otros.

La amistad es como la mahonesa: cuesta un huevo y hay que tratar
que no se corte.

Hazlo bien y no mires con quién.

Es curioso que se le denomine sexo oral a la práctica sexual
en la que menos se puede hablar.

El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y
desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabó la guerra.
El político hizo un gesto y desapareció el mago.

Bígamo: Idiota al cuadrado.

19.3.06

El tedio


Anoche me acosté a las 3 de la mañana con el tedio (libro de Moravia). EL misterio como inicio del amor, la inaccesibilidad, la incapacidad de una completa posesión. Me levanto y desayuno con música, ("me dediqué a perderte"), tendré el día moña. Un amigo me lo aconsejó, me lo puso en el coche y no me desagradó del todo. Según él no me gustaría, porque yo soy "guerrillera", fuerte, con carácter, no soy ñoña. Lo escucho y no sé si reirme o darle la razón. Pero me quedo callada. De tantas vueltas, muchas historias vuelven como si hubiesen pasado ayer, como si tuviese una memoria emocional excelente. Pero no es así. Simplemente mi cabeza se dedica a llenar tiempo, a distraerme, y a sacar conclusiones de donde no las hay, y sé que no las hay. Pero vivo una especie de vida paralela para no congelarme en esta rutina. Un amigo va a tener un niño con nombre de personaje literario. Ya tiene anclaje, incluso poético, para definir su vida. Ahora le será más fácil ser feliz. Y lo será. Le envidio. Soy como un coche sin frenos en las primeras gotas de lluvia, a punto de derrapar e intentando mantener el control. Sin saber sobre qué. Todo pasa como por encima, sobrevolándome, sin consecuencias. En "El Tedio" el protagonista tiene un problema que define como incapacidad de conectar con la realidad, de tener alguna relación significativa con ella. No sé si yo podría decir lo mismo. Son maneras de definir algo indefinible. Pero falta algo, como un agujero negro dentro mía que absorbe toda la materia, y hace que todo me sepa a poco, que pida más, que busque, que espere al sol. Pero sólo hay nubes. Nubes cargadas de lluvia o su amenaza. Para no ver las sombras recuerdo o imagino un día de sol, una canción, unas esperanzas. Pero mira tú por dónde, eso me cuesta más. Los que me conocen relativamente poco se sorprenderían de que yo dijese esto. Aparentemente tan risueña, con nada sonrío. Me alegra alegrar a los demás, es cierto. Ayer no tuve más remedio que decirle a alguien que tenía un fondo detrás de sus ojos muy triste. Y con la mirada brillante agachó la cabeza y esbozó una sonrisa tímida y negra como el principio de la noche. Me impactó por un segundo tanta tristeza. Se parece a mi, supongo. Tan dicharachero hasta entonces, tan hablador y bromista. Y de pronto, un relámpago de tragedia. Tan inesperado como profundo. Tocó a mi tecla de "hasta aqui llegué". Y no me pude alegrar ni a mi misma ya en todo el día. Ahora está lloviendo. Y ya me cansé de hablar de mi.

12.3.06

Sin ser tú

Sus ojos, azules y rasgados. Su cara, marcada y fina. Sus labios, su sonrisa, el mismo gesto. Sorpresa. Conocer lo desconocido. Intento llegar a mi pasado desde una mirada cómplice, pero para él, como para el primero, soy una completa desconocida. Y mientras, sus ojos me saludan desde el recuerdo, su boca se entreabre para hablar de cosas ya dichas. Pero sus dientes no muerden lo que soy, lo que fui, y pasa a mi lado como una ráfaga de luz, indiferente a mi pasado y a aquella intimidad. Las noches aquellas, guardadas en otro rostro, igual. Mis caricias escondidas en otras manos que no cogen lo que veo que ahora coje, que despierta mis sueños de belleza interrumpida, de dolor y de ansias.
¿Sabrá que mi pasado y mi futuro están unidos al cielo de sus ojos?, ¿que mi cuerpo es suyo, antes incluso de verle?. ¿Qué ocurre cuando otro tiempo se encarna en algo extraño y ajeno?. ¿Qué pasa cuando sientes como tuyo un cuerpo indiferente a ti?.
Deseo el regreso a lo perdido desde lo no tenido, en el mismo sitio aparece, viviendo, reviviendo lo muerto. En el mismo sitio. Y quedo anulada en la impotencia de no poder cumplir lo que ya se cumplió. Cumplido y perdido antes de comenzar.
Ahora está aqui, a mi lado, me mira, por fin, de aquella manera maldita, con curiosidad. Algo se habrá tenido que escapar. Extrañeza, arrobamiento, algún secreto desvelado, sin saber qué ni cómo, abriendo la puerta a algo familiar que no lo es.
Buenos días, y ahí queda todo. Buenos días. A tí, a tus ojos, a mi pasado, a él. Buenos días, vida, de nuevo.

26.2.06

La teoría de las vidas paralelas

Nuria es una niña con la que trabajo. Tiene problemas académicos pero, en conjunto, es y forma parte de una familia feliz, en el más amplio sentido. El otro día me contó que ella no creía en las reencarnaciones ni que después de la muerte no haya nada. Algo tenía que haber, no se podía imaginar el vacío. Y tampoco quería que hubiese la posibilidad de llegar a convertirse en un bicho cualquiera, un sapo (aunque hay muchos sapos más guapos que algunos príncipes) o una cucaracha. Así que, a lo largo de sus, todavía, escasos días, ha ido formando la creencia de las vidas paralelas. Ella siente que, en este mismo instante, hay varias Nurias. Cada vez que tenemos la necesidad de decidir algo se abren distintas alternativas, con sus correpondientes consecuencias. Pues en su teoría hay tantas vidas como opciones distintas, que se van encandenando con las anteriores y así hasta el infinito. Esta idea le vino cuando escuchó la frase de "No hay nada más injusto que no vivir todas nuestras posibilidades". Así, ahora mismo, en otra dimensión, hay una Nuria mendigo, una Nuria princesa...
Y no tuve más remedio que recordar la cantidad de veces que me he planteado qué hubiera sido de mi vida si en vez de actuar de una manera lo hubiera hecho de otra. Dónde estaría ahora, y cómo, si hubiera elegido otras cosas. Pensé que el hecho de no hacer nada también es una decisión, cuánto habremos perdido por cobardía, comodidad, y cuántas felicidades no hemos visto por orgullo, por no demostrar lo que sentimos, por miedo a no ser correspondidos y a hacer el ridículo. Para mi sorpresa, me dí cuenta de que busco y prefiero personas directas, incluso hirientes, sin miedo a decir y hacer lo que quieren, que se arriesgan. Iba a decir que las personas de las que me enamoro son así, pero no es verdad. Siempre me engañan...Será que la máscara de dignidad es la mejor coraza...Pero no hay frase más cierta que aquella "Nadie es solemne".

15.2.06

Pasaje a la India

Un indio musulmán viudo y una inglesa fea e insulsa van a ver las famosas Cuevas de Marabar, cerca de Chandrapore, al principio de la estación cálida. Los demás viajeros, cada uno por una cosa, tienen que quedarse en un campamento cercano. Ella está prometida a un hombre frío, arrogante y algo clasista. Todo lo tienen planeado y organizado, como buenos ingleses, saben cómo va a ser la boda, su estilo de vida... Hasta que entra con este joven a una de las cuevas. En realidad no entra con él, sino tras él. En esas cuevas oscuras como el vacío, cualquier ruido o palabra, de la intensidad que sea, es devuelto en forma de un mismo eco, siempre el mismo tipo de eco. Le ve que enciende un cigarrillo, las cuevas más negras que la boca de lobo, de pronto se iluminan y florecen, ella se pone nerviosa, tantos pensamientos y sentimientos nuevos. Se da cuenta de que el musulmán tiene los ojos tan negros como el aire de la cueva, y los ecos vuelven en forma de palabras con sentido: "No estás enamorada de tu futuro marido, no sabes lo que es el amor ni lo sabrás nunca y quieres sentirlo". Y la chispa del cigarro, su espalda volviéndose hacia ella... y la muerte. La muerte en vida. Sus días como esa cueva, sin nada, con el mismo eco repitiendo todo, la única posibilidad de escuchar algo. Sin ver, sin oír...
Nota algo húmedo que le tapa la cara, chilla, corre hacia la salida y huye. Huye de su vida, del amor, de la brusca realidad que le susurra al oído: "todo es para nada, nunca encontrarás lo que buscas, sabes cómo van a ser tus días hasta el día de tu muerte". Pero en vez de reencontrarse con su rutina anterior se ve deforme como la cabeza de medusa, en medio de ataques de asma que le ahogan el cuello, asfixian su pecho, hasta que se desmaya.

Las cuevas de Marabar. Toda la India sabía que, siendo sólamente unas colinas sucias, sin encanto, quien entraba no salía igual. Cada uno se enfrentaba a sus realidades reprimidas, como una especie de Freud megalítico, y no las oían, las sentían.
Nuestra inglesa fea e insulsa prefirió negar esa verdad revelada y declaró culpable al indio de violación. Ella no estaba reprimida, ella tenía que aceptar su sino, monótono y organizado, para no invalidarse a ella misma y todo lo que la había acompañado durante sus años de andadura militar.

12.2.06

Son mis amigos

Sé que mis amigos no leen esto. A algunos no les gusta leer y a los demás, simplemente, no les gusta leerME. Así que les puedo poner verde a gusto. Mi venganza por no pasaros por aqui, chicos. Y a todo el que no lo vea yo entrar, que se prepare, que le dedicaré una bonita elegía...

Ayer estuve todo el día con Rosa. No cambia, en nada. Sigue esperando a que llegue sin avisar su Antonio, a las 10 de la mañana como a las 5, da igual, ella siempre le espera. Él tiene novia, pero cuando le hace falta algo que ésta no le da, va a casa de mi amiga y, sin palabras, lo coje.
La acompañé a un recado. Era para comprar preservativos. "Es un bestia, viene y me tira directamente a la cama, y si no los compro yo, tengo que tomarme al día siguiente la píldora del día después, y es una lata, te entran retortijones y sofocos".
Los eligió de sabor tropical, y color rosa, "pleasure-max". Ni corta ni perezosa, en medio de la calle, abarrotada, se puso a explicarme los detalles y pormenores de su utilización. Los sacó, me los mostró y, emocionada intentaba convencerme de que la próxima comprase esos y no otros.
Me contó que ha conocido a una chica que se ha enamorado de ella. Dice que es muy ordinaria. Un día iba con unos pantalones estrechos y la chilló: "Hoy viene Rosa con el chocho aplastao". Pero aún así le cae muy bien, es muy generosa y solícita. "Ya que no me hace caso ningún chico...No veas cómo me hace falta que me den cariño...".
También vinieron Juan y Andrés. Son pareja desde hace unos años, pero siempre han tenido sus menos y sus más. Se jactan de que aceptan todo, son bisexuales. Juan es uno de mis mejores amigos, y ya ha intentado algo conmigo. Si fuese atractivo me habría hecho dudar, la carne es débil, pero con él, la verdad, no tengo más remedio que tenerlo muy claro. Así que, cada vez que me ha achuchado o insinuado algo he puesto distancia de por medio. Luego nos hemos reído y aquí no ha pasado nada.
Pero es Andrés, su novio, el que no soporto. Hablando de que soy una chica sugerente, de ojos muy profundos y cara aniñada...bla, bla. Que eso gusta a todos. Que si no me había planteado el poder hacer un trío o ser lesbiana. Le contesté que una mujer me atrae exactamente igual que un hombre que no me atrae nada. No es problema de saber o no mi orientación sexual, no me interesa, igual que pueden gustarme rubios, morenos o castaños. El problema es que, simplemente, una mujer me atrae tanto como un grillo boca abajo.
Siguió Andrés con su táctica de "gay seductor de mujeres heterosexuales para sentirse más hombre". Yo te llevo a donde quieras, pareces un cuadro de Julio Romero de Torres, ¿qué es de tu anterior novio?, si no ha luchado por tí él se lo pierde... Ya me lo dijo Juan hace tiempo, que para un hombre que le gustan otros hombres lo más definitivo para saber si son atractivos o no es gustar a las mujeres.
Intentando esconderme de las contínuas fotos que me hacía Andrés, y escuchando por decimocuarta vez las propiedades de los preservativos "pleasure-max", me dí cuenta de que donde estoy más a gusto es con personas extrañas, fuera de la norma. Otro amigo mío está en la cárcel, por sus problemas con el alcohol. Y Santi tiene cerca de 50 años, y un matrimonio de pasión pura que unas veces le hace gritar de felicidad, y otras quiere divorciarse y huir de los nudos de esta relación tan turbulenta. Con cierto desequilibrio emocional, depresiones, crisis de ansiedad e intentos de suicidio, su vida sigue adelante. María está enamorada de un antiguo romance que tuvo que dejar por la distancia, y de vez en cuando, engaña a su novio actual con el anterior que, por cierto, es actor de publicidad, a veces lo veo en la tele. Hablando de actores, el ganador del Goya de este año es amigo de la infancia de Raquel, una de mis mejores amigas, con el que hemos salido alguna noche por la ciudad. Y Roberto, que ha estado en cuatro guerras, Irak, Afganistán, Bosnia y Somalia. No para de hablar, de su amigo el rey, de cómo hay que disparar y camuflarse. Dice que matando a una persona no sientes en el momento nada especial, en todo caso alegría, por haberte salvado tú. Pero hay noches en las que, sin saber porqué, tienes pesadillas y no puedes dormir. Cuando has tenido cerca la muerte, la ONU y terroristas, el día a día te parece algo de risa.
En conclusión, mis amigos, los actuales y los pasados, son gente especial, rara. Quizá por ello más auténticos que el resto. Una de dos. O me gusta la gente extraña, o todos somos algo extraños y... a mi que me gusta.

7.2.06

La culpa

Eran amigos desde el colegio. De esos amigos que tienen tanto que ver contigo que no hace falta hablar, ni estar cerca. Hasta que apareció ella. Pequeñita, con cara de niña y cuerpo de mujer. Eran tan parecidos los tres, estaban tan unidos, que se imaginaban, incluso lejos, hermanos eternos. Primero lo intentó con ella Pedro. Se llevó el gato al agua. Pero quedaba Pepe sin la sensación de sobrar, obligándole como le obligaban a no dejarles. Pasaban las tardes en casa de uno de los tres, hablando, riendo. A Pepe no le hacían falta más mujeres que ella, amiga sincera e inteligente. No veía raro ir a buscarla a su casa cuando Pedro trabajaba, o salir de paseo los dos solos. Nadie lo veía mal. La tendera de la esquina creyó que eran dos hermanas gemelas, cada una salía con uno. Y ellos se reían de los cotilleos de la gente. Qué iban a saber los demás de lo que pensaban. Y a ella le sobraban todos los hombres del mundo teniéndoles.
Hasta que un día Pedro se fue de viaje y pasaron la tarde y la noche juntos. Con su sentido del humor irónico, hablaba de la cantidad de hombres que tenía que haber "disfrutado". Entre carcajadas, se quejaba de que nunca había sido así, al contrario, creía que ninguno le hacía caso. Pedro por ser como era, tan bueno, por nada más. ¿Y yo soy bueno?, ¿y si te digo que me gustas, que me encantas, será por pena?. No lo sé, nunca dirías algo así, porque es mentira. ¿Tú que sabes?. Lo sé. Pues me encantas, me haces sudar cada vez que te tengo cerca, y quisiera agarrarte, besarte, amarte. Pero no puedo. ¿Porqué?. No me dejarías. Inténtalo.
La cogió de la cintura, se la acercó y la besó.
A la mañana siguiente la culpabilidad no les dejaba vivir. Ya no era lo mismo. Cuando estaban los tres el único alegre era Pedro, los demás pensaban y pensaban sin llegar a ninguna conclusión. No podían imaginar el tener que dejar de verse, ni el hacer daño a nadie. Así que Pepe esperó la ocasión adecuada y le contó que había tenido un sueño, en el que era feliz, encontraba a la mujer de su vida y a partir de entonces hasta los golpes más duros de la vida se le hacían llevaderos por poder verla todos los días. Y esa mujer era ella. Pero no respondió. Ya no le gustaba la situación, tenía que elegir, y quería seguir con los dos. ¿Era tan malo?. Daría todo el amor del mundo, hay tiempo, y nadie le sobraba ni a nadie quería apartar. Pero hubo un marginado. Como no tuvo respuesta, Pepe se la imaginó, negativa, por supuesto. Ni ella supo hacer nada para remediarlo. Así que un mal día él cogió sus maletas y se marchó muy lejos. No se volvieron a ver.

2.2.06

Serenata


Trabajo en el centro de mi ciudad, en una de las calles con más vida de España. A todas horas suena la música. Personas de todos los tipos intentan ganarse un dinerillo tocando algún instrumento. Creo que la canción que más suena, con eso de que Sevilla es una ciudad cálida y con buen tiempo casi todo el año, es "la Primavera", de Vivaldi, especialmente, como no, en esa estación. También hay un cuarteto de cuerda (dos violines, una viola y un chelo) de argentinos que nunca repiten tango, ayer era el tiempo de "Cambalache". "Que el mundo fue y será una porqueria,ya lo sé...".
Al lado exacto de la puerta de mi trabajo se encuentra un anciano tocando el violín, como un genio. Cada vez que lo escucho, que son unas cuatro veces al día, me evado, me pongo a flotar y me dejo llevar por sus notas, maravillosas, emotivas. No habría dinero suficiente para pagarle... Anteayer salió de su violín el tema principal de "El Padrino". Preciosa donde las haya. Pero ayer...ayer me llegó al alma. Acariciaba las notas de "Ständchen", como si nunca antes se hubiese tocado, como si le fuese la vida en ello. Algo debía tener roto que unía con esos sentimientos con que recreaba la obra.
Dentro de mi música favorita se encuentran los lieder de Schubert, canciones populares alemanas. Hay un ciclo especialmente sublime, bueno, dos.
"El viaje de invierno" relata en una serie de cancioncillas el viaje de un joven que sabe que sus días están por terminar, y que la vida es fría y costosa como andar por la nieve. Dentro de este ciclo hay un intervalo optimista entre temas pesimistas y trágicos, "El Tilo". Esta canción trata de la esperanza que nace en nuestro protagonista cuando, solo y en medio de la nieve, ve una ramita de un tilo en flor, en plena helada.
Otro ciclo especial es "El canto del cisne". Como sabréis, esta frase se refiere a la melodía triste que producen los cisnes cuando saben que su fin está próximo. Dicen que es de los sonidos más bellos que se pueden escuchar. Schubert, para no ser menos, crea un grupo de canciones como su particular tributo a este mágico preludio. También está "Sylvia", con letra de un poema de Shakespeare de "Los dos hidalgos de Verona", y "Ständchen", (Serenata) la que, como ya he comentado, es hermosa como pocas cosas, el verdadero canto del cisne de Schubert, sólo tenéis que escucharla...

28.1.06

Anecdotario ajeno

Una compañera de piso me contó que conoció a Goran Visjnic, el médico Yugoslavo de "Urgencias". Después de las consabidas bromas, y el lógico escepticismo, nos explicó cómo fue su historia, si es que la hubo...

Andrea, que así se llama mi amiga, es periodista. Un día su jefe le encargó la tarea más "pesada" que puede haber para cualquier mujer heterosexual, entrevistar a un mito erótico, en este caso, un actor. Ella reconocía que era atractivo, no lo podía negar, pero no soportaba los hombres vanidosos, y éste, por necesidad, tenía que serlo. Y no se equivocó. Cuando entró en el plató de la entrevista él la miró por encima del hombro, algo parecido a "sé que te tengo". Andrea se mofó de esa superioridad, así que se puso a pensar en cómo podría bajarle los humos a semejante especímen. Aunque, una vez planteado, se percató de la dificultad, por no decir imposibilidad, de cambiar algo ya tan asentado.
Se sentaron de frente, el fotógrafo se movía de un lado para otro intentando encontrar la foto perfecta, y la redactora se colocó detrás para controlar.
Por lo visto él era croata, familiares suyos murieron en la guerra, pero está afincado en Paraguay,por lo que habla español a la perfección.
El fotógrafo debe ser que ya encontró la foto perfecta así que, a la media hora, se marchó. Hubo un problema en un micrófono, se intentó arreglar y, al ver que pasaba el tiempo y no se solucionaba, la redactora les comentó que podían dejarlo para otro día, si querían. A él le daba igual, estaba de vacaciones y, para Andrea, cuanto antes se pasase todo, mejor. Así que, en medio de idas y venidas de los técnicos, siguieron, ahora por escrito, la entrevista. Al haber tanto ruido la redactora sugirió que entrasen en su despacho y continuase todo alli. Entraron los tres y él, en su faceta de seductor, se sentó en un sofá al lado de Andrea. Ella intentó zafarse pero, sabía que para la jefa, era mejor cuanta más intimidad. No tuvo más remedio que aguantar el tirón. Un tirón que se le hizo más y más fácil según pasaba el tiempo al ver ahora de cerca sus enormes ojos verdes que parecían pintados. En más de un momento dejó de escribir, sin darse cuenta, para observar, hipnotizada, el movimiento de sus labios al hablar. Una vez él se percató y, con la media sonrisa de los vencedores, le preguntó:
-¿Te ocurre algo?.- Esquivó su mirada y le contestó, entre balbuceos, que estaba resfriada, que no se sentía bien.
Al rato entró un técnico y le comentó a la redactora que el panel de sonido se había despolarizado. Ésta se despidió y aconsejó que la entrevista siguiera como si no pasase nada. Que no pasa nada. Qué difícil de imaginar esto por Andrea en ese preciso instante. Por todos los medios intentó terminar las preguntas, escapar. Y más largo se hacía.
Él se asomó a los cristales del despacho intentando averiguar qué había pasado. Su brazo se apoyaba en el de Andrea, y ésta, nerviosa, seguía automáticamente su interrogatorio, que él no escuchaba. Dejó de mirar a través de la ventana, fue a sentarse y coincidió con la mirada de Andrea, que se había cansado de hablar para ella sola. Se acercó a su oído y la preguntó:
- ¿Qué piensas?. -Sin saber ya quién era, y notando su aliento en los labios, le respondió:
- Llévame a Uruguay.
- No vivo en Uruguay.
- Es verdad, "Paraguashio". Da igual. LLévame a ver todo, Montevideo, Buenos Aires, el Cabo de Hornos, por mar. Dicen que el marinero que pasa por el faro del fin del mundo se pone un pendiente y escupe a favor del viento, mientras huele el aire gélido de la Antártida... Y dicen que el peor accidente para un argentino es caerse desde su ego... ¿Sabes que Lucifer es el que anuncia la primera luz del amanecer?. Significa "el que trae la luz". El ángel más bello, el más oscuro, y a la vez es el lucero del alba, que anuncia a Venus...
- Tendría que ir a Paraguay, divorciarme y venir a buscarte.
- Me da igual. Haz lo que quieras... - Y, cogiéndola de la cintura, se la sentó encima, sintió el latido de su cuello en los labios y le dijo:
- Mira al cielo. Arriba.- Ella levantó la cabeza hasta ver el techo.
- ¿Qué ves?.
- A Lucifer.

5 manías

- Empezar a leer el periódico por detrás.
- Hacer rabiar a mi gata.
- Llamar sólo cuando me llaman.
- Hablar deprisa cuando estoy contenta.
- Creer a todo el mundo bueno.

Lo siento, Juan Pablo, pero no creo que estas manías sean características de los españoles.

21.1.06

Amanece, que no es poco.

Habían quedado en el hipermercado. Estaba lleno de gente, eran las rebajas. Distraídamente, echaba un vistazo a cada estantería, pensando que ya estaba tardando mucho. Dos chicas comentaban que una tercera se había portado mal con ellas. Una abuela no sabía que comprarle a la madre del nieto que llevaba de la mano. Una niña de unos dos años, de ojos grandes y verdes, con dos coletas empinadas hacia arriba, corría de un lado para otro y chillaba. El padre, desesperado, no sabía qué hacer para frenarla. "María, no chilles". A la chiquilla le daba igual, berreaba, saltaba y tiraba todo a su camino. Ana se reía y no podía evitar seguir la escena del padre en apuros. Era un hombre de unos treinta y pocos años, castaño de ojos azules y tristes. Se dió cuenta de que era observado, miró, agachó la cabeza algo avergonzado, y la sonrió. En ese momento la niña le cogía del abrigo, se lo estiraba y le pedía gritando el nuevo peluche de Disney. Desaparecieron los dos, en busca de otro muñeco más barato, y Ana, aburrida, se sintió más sola. Suspirando salió a la puerta para ver si ya venía. No vió nada, cuando sintió una patada en la espinilla.
-Lo siento, lo siento. María, te he dicho que no hagas eso. Perdona, ¿te ha hecho daño?.
-No, gracias. No. -Se lamentó de haber dicho una frase tan inteligente...
En ese momento la llamaron por su nombre, por fin había llegado, se besaron y fueron hacia el coche. Volvió la cabeza, para ver si seguían allí. Él la estaba observando. Se miraron.
-Ana, ¿te pasa algo?.
-"No, gracias. No"...

Desde la ventanilla se dió cuenta de que esa noche había una luna roja y grande, como nunca, e imaginó que viajaba en ella, que le servía de balancín, y que huía de todo:

"Rescátame,
de este mundo sin sentido,
de estas mañanas vacías
de estos nervios gastados de forma
inútil.
Sálvame, sálvame, mil veces dicho,
que se rompa esta continuidad tenebrosa,
deja tu vida, tu país, tus penas
y tráelas, que remiende
con color alegría
tus esperanzas a las mías.
Llévame donde la locura no alcanza,
donde el mayor sacrificio sea placer,
donde las máquinas cobran vida
y el horizonte tenga tu nombre.
No dejes que sigamos perdidos,
dando vueltas en el laberinto,
escapándose los segundos
como arena en las manos.
Regresa donde nunca estuviste,
que toda una vida se te dedicará,
y amanecerá,
por tí..."

13.1.06

De a poquito

Esto no se lo conté nunca a nadie. Es una historia que me sucedió y que llevo dándole vueltas durante años. Así que la contaré.
Fui una tarde de hace unos años a natación, en pleno invierno, nevaba. Entré, como siempre, al vestuario, me puse el bañador, el gorro y a nadar. Había una chica de unos 35 años que parecía que no veía bien. Tanteaba el agua, daba vueltas alrededor de la piscina, hasta que se metió. Fue en busca de un hombre guapo, moreno, con un bañador negro, y se le agarró del cuello para el resto de la hora. Seguí nadando, pasó el tiempo y no supe más de ellos.
Meses después, me los volví a encontrar en la fiesta de la primavera. Ella iba con leotardos de corazones y flores, y él con blusa hawaiana fosforescente. Me vieron desde lejos, ni se me ocurrió pensar que se podían acordar de mi, así que cuando ví que se me acercaban, con intención de hablarme, me sobresalté. Me dijeron que me conocían, que eran amigos de mi ex-novio, que sabían que él me había dedicado un libro, que se llamaba como yo, y que me describe.
-¿Y cómo dice que soy?- pregunté, más desconfiada que contenta.
-No dice cómo eres, sino cómo eres tú en su vida, cómo cambió desde que te cruzaste en su camino, que está loco, que tiene hábitos extraños desde que te fuiste.
-¿Hábitos extraños?.
-Sí, se acuesta con todo lo que se le cruce por medio, hombre o mujer. Que no ve diferencia entre su rutina y tus recuerdos. Que se cabrea con los pájaros que le despiertan por la mañana, y maldice la primera luz del día. Que le gusta sentir en la espalda el frío de la pared mientras duerme. Lo primero que hace cuando va a acostarse con alguien es lavarse los dientes, pero siempre cuando ya están desnudos. Las noches de invierno se va solo al cine porno, aunque no duerma casi. Y va a todos lados con los walkman puestos, escuchando siempre la misma canción.
-Esos hábitos los ha tenido siempre.
-Sí, supongo. -Se quedó pensando, sin saber qué más decir, pero dándole vueltas a algo. Mientras, la chica de los leotardos excéntricos seguía agarrada a su cuello.
-Mira, no sé qué me queréis decir con esto.
-¿Sabes cómo se llama el libro?. "Suicidarse de a poquito".
-Es mentira. Todo esto es mentira. Él murió (quizá podamos escoger nuestra derrota). De hecho no existe. Ni vosotros tampoco. Y lo único que se llama "suicidarse de a poquito" es este relato. Pero...¿qué lo diferencia de la realidad?...

7.1.06

Untitled

Aparecieron de repente en la oscuridad. No sabían cómo habían llegado, ni dónde estaban. Cuando los ojos se acostumbraron a la escasez de luz, se dieron cuenta de que estaban en una casa vieja, grande y sin muebles. Al principio se creyeron solos, pero escucharon ruidos y notaron que había alguien más. Un hombre y una mujer, sin cara, ni edad, ni voz, sólo unas sombras. Anduvieron perdidos, tocando las paredes y rozando el suelo para conocer el enemigo, la casa. Cuando se cansaron de rastrear, sin atreverse a hablar, se sentaron, uno de frente al otro, a esperar.
Pasaron las horas, el frío arreció, acurrucados y ya sin hambre, a ninguno le venía el sueño. Recordaban y añoraban su vida anterior. Imaginaban dónde estarían en ese momento sus seres queridos, maldecían el azar horrible que les había separado de sus destinos y, por generalización, a la persona que tenían al lado.
Llegó una silueta, la mujer empezó a sollozar, la nueva sombra la abrazó y empezaron a susurrarse al oído. Él supuso que era su marido. No lo aguantó. La odiaba. Se sentía más solo que nunca, aparte, sin sentido. Deseó que muriese, que desapareciese, mejor aún, que desapareciesen los dos.
Ella lo oyó, y le preguntó que porqué pensaba eso. No lo sé, simplemente te odio. Y sin decir nada, abrió la puerta y empujó a su marido. ¿Porqué has hecho eso?. No lo sé. ¿Me odias?. Sí.
Se sentaron juntos, de lado,sin mirarse. Se acomodaron lo mejor que pudieron a las horas y la escarcha y, de nuevo, esperaron.
Por primera vez en diez días durmieron. Se despertaron alegres, con la sonrisa iluminada y vergonzosamente felices. Soñaron lo mismo. ¿Sigues odiándome?. Más que al demonio. ¿Ni siquiera te caigo bien?. Simplemente me das igual, no te veo la cara, eres un fantasma que ha evitado que mi vida siga. Sólo son fantasmas tu pasado, yo estoy aqui, tócame. ¿Quieres que te toque?. No. ¿Entonces?. No lo sé, mi cuerpo tiene más voz que yo, últimamente, creo. ¿Quieres que te toque?. Sí.
Acarició su brazo, besó el cuello de la nuca al hombro, pálidamente, despacio, casi etéreo. Te odio. Única carne y sol que tengo. Te odio hasta las entrañas. Todo mi cuerpo se asquea de no verte, de ser lo único todo en la oscuridad. Muérete feliz lejos de mi angustia.
Cada uno en un extremo de la casa, arrinconados, alargaban la mano hacia el pasado, queriendo huir y esperando.
Soñaron que su vida anterior era imaginada, que nacieron en una casa oscura y vieja, al lado de otra persona. Soñaron que trabajaban, desayunaban, dormían, pensaban, sentían, opinaban. Soñaron que no estaban en una casa negra y derruída. Soñaron que nunca existió la luz. Soñaron que podían elegir el sueño, y que no estaban al lado de una sombra, sino de más.

4.1.06

Recuerdo

Me levanto temprano, moribundo.
Perezoso resucito, bienvenido al mundo.
Con noticias asesinas me tomo el desayuno.

Camino del trabajo, en el metro,
aburrido vigilo las caras de los viajeros,
compañeros en la rutina y en los bostezos.

Y en el asiento de enfrente,
un rostro de repente,
claro ilumina el vagón.

Esos gestos traen recuerdos
de otros paisajes, otros tiempos,
en los que una suerte mejor me conoció.

No me atrevo a decir nada, no estoy seguro,
aunque esos ojos, sin duda, son los suyos,
más cargados de nostalgia, quizás más oscuros.

Pero creo que eres tú y estás casi igual,
tan hermosa como entonces, quizás más.
Sigues pareciendo la chica más triste de la ciudad.

Cuánto tiempo ha pasado desde los primeros errores,
del interrogante en tu mirada.
La ciudad gritaba y maldecía nuestros nombres,
jóvenes promesas, no, no teníamos nada.

Dejando en los portales los ecos de tus susurros,
buscando cualquier rincón sin luz.
"Agárrate de mi mano, que tengo miedo del futuro",
y detrás de cada huida estabas tú, estabas tú.

En las noches vacías en que regreso
solo y malherido, todavía me arrepiento
de haberte arrojado tan lejos de mi cuerpo.

A ahora que te encuentro, veo que aún arde
la llama que encendiste. Nunca, nunca es tarde
para nacer de nuevo, para amarte.

Debo decirte algo antes de que te bajes
de este sucio vagón y quede muerto,
mirarte a los ojos, y tal vez recordarte,
que antes de rendirnos fuimos eternos.

Me levanto decidido y me acerco a ti,
y algo en mi pecho se tensa, se rompe.
"¿Cómo estás? Cuánto tiempo, ¿te acuerdas de mí?"
Y una sonrisa tímida responde:

"Perdone, pero creo que se ha equivocado".
"Disculpe, señorita, me recuerda tanto
a una mujer que conocí hace ya algunos años".

Más viejo y más cansado vuelvo a mi asiento,
aburrido vigilo las caras de los viajeros,
compañeros en la rutina y en los bostezos.

31.12.05

Todavía viva

Aquí estoy. Sin ganas de escribir, pero con la necesidad de decir algo. ¿El qué?. No lo sé. El folio está en blanco y se me dibujan imágenes, todas parecidas. Tendré poca imaginación. Intento escapar de las ideas de siempre, pero vuelvo a caer en mis propios tópicos.
Ayer hubo susto. Cuando alguien se pone enfermo en Navidades es como más desgracia aún. Y esta noche, además, comeré las uvas en el hospital esperando la llegada de mi sobrino. Si es que las como. Aunque me da igual, no me gustan las uvas.
A veces parece que todo sale al revés. Debería haberlo conseguido antes de que naciese, pero no. El crío se adelantó, y yo me atrasé.
Qué indiferente, qué frío y pesimista suena todo esto. No me gusta. Pero no puedo evitarlo, como dice Valmont, no puedo evitarlo. Me gustaría escribir algo con humor, optimista...No puedo...Siempre es alegre la venida al mundo de un niño...Pero va a traer problemas este bebé, y no puedo olvidarme de eso.
Una vez me dijeron que no se le podía pedir tanto a la vida, que entonces todo se vuelve frustración. Desde entonces pienso que mis desilusiones son fruto de las enormes esperanzas que tengo en la vida, en la humanidad. Hasta que llega el palo, la derrota, el cabreo, la tristeza y de nuevo las esperanzas, la ilusión...Hasta la siguiente caída. Así que, si a alguien le importa, no os pongáis tristes porque yo lo esté. Simplemente vedlo como mi continua cadena de deseos e impotencias, de ilusiones y decepciones. Como el ciclo de la vida (ahora me parezco al rey león), nacimiento y muerte. Cuanto más "extremado" se es, sensible, apasionado, vitalista, o como se quiera llamar, vives todo más a fondo. Hasta el último detalle se te graba a fuego. Los sueños son mayores y más altos. Pero las caídas más profundas. A veces soy adoradora de mi imposible moderación. Otras veces se me dibuja como el sueño de la muerte en vida. Y para bien, o para mal, por lo menos por ahora, quiero sentirme viva. Aunque sea a base de golpes. Así que,en el nuevo año, abriré los brazos a los fracasos y los saludaré con un: "aquí estoy, todavía, viva".

28.12.05

Para los que sólo tienen "La otra Navidad"

Ten Esperanza. Si hay nubarrones, si hay desengaños y no ilusiones, descoge el ceño, su sombra es vana, que a toda noche sigue un mañana.

Ten Fe. Doquiera tu barca empujen brisas que braman u ondas que rugen, Dios (no lo olvides) gobierna el cielo, y tierra, y brisas, y barquichuelo.

Ten Amor, y ama no a un ser tan sólo, que hermanos somos de polo a polo, y en bien de todos tu amor prodiga, como el sol vierte su lumbre amiga.

Crece, ama, espera! Graba en tu seno las tres, y aguarda firme y sereno fuerzas, donde otros tal vez naufraguen, luz, cuando muchos a oscuras vaguen.

Schiller

La otra Navidad

Las cañerías están atascadas. Todo huele a mierda. Huyendo del olor comí ayer fuera en un restaurante. No había otro sitio que al lado de los sevicios. Una corriente helada venía de vez en cuando a enfriar mis pensamientos. Navidad. Cada luz o muñeco que veo me recuerda qué pocas posibilidades tengo de celebrar nada. Lo parecidos que son estos días a uno normal, y qué lejos está lo que yo creía Navidad. Millones de personas en el mundo, y a todos los siento tan lejos, tan falsos, tan prediseñados. Creeríais que ahora vienen los recuerdos de cuando tenía Navidad. Pero no. Ya no me creo ni eso. O es que simplemente no me acuerdo. No lo sé. Lejanía. Todo tan lejos. Recuerdos, esperanzas, fiestas, sonrisas. Estoy anestesiado a todo. No noto nada excepto asco, temor y pena. Quisiera huir, huir, pero no sé a dónde. Volar muy alto, fuera de aqui. Pero me perseguiría el olor a mierda allá donde fuese. Caer, caer hacia abajo metros y metros, notar el aire del descenso en la cara, y un segundo tan rápido, sin transición. Algo frío en la sien derecha. Un ruido brusco, tremendo, y todo terminado. Nada podrá ser tan malo como esto. Y es el único modo de quitarme el olor de encima.

20.12.05

Ante las ruinas

Dame un abrazo que borre todos los miedos y dudas.
Sujeta los extremos de mis penas, que el suelo se tambalea.
Que todo el universo se serene ante tus palabras,
que el cielo respire azul tus noches,
que huela a nube cálida y vaho sin frío.

Acércate sincero a mi genio quebrado,
rescata los dolores escondidos y cámbialos
en risas tontas e indiferencia estúpida.
Si la vida aprieta, pero bien,
si la vida hiere en lo más hondo,
que tu sonrisa cicatrice pasados
y calme obsesiones.

Yo poco podré hacer, convencer inútil
a la retórica de que seas feliz,
darte la mano sin soltarte ante los baches,
y decirte que soy, que estoy.
Poco más. Nada más.

15.12.05

A mis soledades voy

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.
¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!
Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.
Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.
De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.

Lope de Vega

13.12.05

Tres personajes en busca de autor. Sonia

Tuve la seguridad de que iba a hacerlo desde el principio, a costa de lo que fuese, no podía seguir así. Me fui a su ciudad, lo busqué por trabajos y casas. Con el poco dinero que me llevé dormía en hotelitos de mala muerte, con agujeros en las sábanas y comía bocadillos. Me costó encontrarlo, pero un buen día, siguiendo el rastro del empleo anterior, lo ví. Los pies un poco para adentro, la sonrisa exagerada e imprevisible, todo igual. Excepto la expresión, mucho más desesperanzada, como ausente. Cogió el coche y, por ese día, lo perdí. Durante un año espié su rutina, sus hábitos, y ya sé dónde suele ir. Cuando se enfada con su mujercita va solo a salas de conciertos y bares a ver qué señorita solitaria cae en sus redes. Casi siempre cae alguna. Se las lleva a su pisito de soltero y lo abandonan al amanecer, lo justo para que le dé tiempo de llegar a su casa sin sospechas no más fundadas que de costumbre.
Me quedé sin dinero, así que me planteé ir a casa, pero me es imposible. Debo estar aqui. Así que empecé a alargar la mano y esperar a que me la llenasen, los desconocidos, de monedas. Pero no daba para casi nada. Dormía en los parques, portales. Les decía que se me habían quedado las llaves en el piso y normalmente me dejaban. Mientras le esperaba, dibujé lo que diferenciaba un día del anterior. Sólo eso. Sin repetir nunca lo que ya había dibujado. Y llegó un momento en el que ya no pude pintar nada. Es hora de hacer algo.
El portero de su oficina ya me conocía y no sabía qué hacer conmigo. Una chica joven que pinta todos los días delante del edificio gris y que se va cuando ya todos se han ido. Una mañana se me acercó, intrigado, y me preguntó que qué hacía allí todas las mañanas. Le conté todo, incluido desde que nací, y esa noche dormí en sábanas limpias, colchón mullido y con el estómago lleno. Me volvió a ver, pero se hizo el desentendido. Ya estuvo solucionado el problema portero. Aunque le cogí cierto cariño, fue el único al que hablé en más de un año, y estaba tan limpia su cama.
Había que hacer algo, pregunté si sobraban trabajos, de lo que fuese. No sobraban, claro. Pero no paré hasta que pude hablar con el director. Un viejo verde y gordo que sólo tenía ojos para el roto de mi pantalón a la altura del muslo. Mejor, más fácil. Me dijo que seguro que habría solución para una chica tan guapa como yo. Y la hubo. Me dió el trabajo. Después de arcadas, pesadillas y repugnancia durante tres noches. Carnes temblonas al ritmo de mi angustia. Tres noches. Pero logré el empleo en su misma oficina. No podía verme. Ahora tenía que ingeniármelas para que no me conociese. Esperaré a tener dinero y me teñiré el pelo, por ejemplo, no puede saber que estoy aqui.

6.12.05

Si

Si guardas en tu puesto, la cabeza tranquila, cuando todo a tu lado es cabeza perdida. Si tienes en ti mismo una fé que te niegan y no desprecias nunca las dudas que ellos tengan. Si esperas en tu puesto, sin fatiga en la espera. Si engañado, no engañas. Si no buscas más odio, que el odio que te tengan...Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres. Si al hablar no exageras lo que sabes y quieres. Si sueñas, y los sueños no te hacen su esclavo. Si piensas y rechazas lo que piensas en vano. Si tropiezas el triunfo, si llega tu derrota, y a los dos impostores les tratas de igual forma. Si logras que se sepa la verdad que has hablado, a pesar del sofismo del orbe encanallado. Si vuelves al comienzo de la obra perdida, aunque esta obra sea la de toda tu vida. Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría, tus ganancias de siempre, a la suerte de un día, y pierdes, y te lanzas de nuevo a la pelea, sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era. Si logras que tus nervios y el corazón te asistan, aun después de su fuga, de tu cuerpo en fatiga, y se agarren contigo cuando no quede nada, porque tú lo deseas y lo quieres, y mandas. Si hablas con el pueblo y guardas tu virtud. Si marchas junto a reyes con tu paso y tu luz. Si nadie que te hiera, llegue a hacerte la herida. Si todos te reclaman y ninguno te precisa. Si llenas un minuto envidiable y cierto, de sesenta segundos que te lleven al cielo....Todo lo de esta tierra, será de tu dominio, y mucho más aún, serás hombre, hijo mío.

Rudyard Kipling

3.12.05

Gustavo

Nació sin sentir, no dió tiempo ni de venir al médico, del hambre que tenía. No le bastó con el pecho, tomaba también biberón. Se reía por nada, vestido con su albornoz y los puños apretados, como un boxeador precoz. Soy el dragón de la dronguinela, que cojo tu colita y te la como entera. Y, y, y, como me pongaz otto cedo llamo a mi papá, y viene, y te pega do ho-tia. En esos veranos todas las ventanas se dejaban abiertas y sólo se escuchaba la sintonía del "un, dos, tres". Toda la familia embobados e iluminados al compás del programa. Su grupo de amigos y él se agachaban, sin hacer ruido, ssshhhhh, lanzaban un petardo y salían corriendo a esconderse. ¡Quién ha sido, me cago en los niños, como os coja!. Recogía gorriones caídos del nido y los criaba. La mayoría se le morían. Lloraba, rabiaba, pero en seguida salía a buscar más desamparados. Tuvo tres, dos machos y una hembra especiales. La hermana que hacía de madre y cantaba como un ruiseñor, Gabi se escapó y Peque, por fin, murió de viejo. Se le subía a la cabeza, se escondía en el bolsillo de la camisa, recorría los altos de los armarios y hacía su trinchera encima de los libros. Se parapetaba hasta que aparecía un dedo y saltaba encolerizado croando, más que piando, e hinchándose. Hecho todo un globo de plumas y malos modos le endurecía el dedo de tanto picotazo.
Y un día decidió ir a la playa, aparentemente relajado, para disfrutar lo que le quedaba. Respiraba hondo mirando hacia las olas y a las gaviotas que cruzaban el cielo. Ese día había más gaviotas que nunca, parecían bañistas domingueras en el suelo, pero en el cielo, como el albatros, eran extrañas, se acercaban demasiado, se notaba hasta el aire que movían en sus aleteos, intentando no pensar que podía ser una premonición, negativa, una despedida. Del que amó tanto a los pájaros.
Temblaba con su pijama azul de hospital, pero dibujaba una media sonrisa como podía. No os preocupéis, no es nada.
Vino un celador, cogió su cama, con ruedas, y se lo llevó. Lo seguimos, con el corazón en un puño. Él hablaba y hablaba. No os preocupéis, no pasa nada. Hasta que llegamos a un pasillo. Despídete. Ahora mismo os veo. Si, sí, no es nada. Los músculos de la cara dejaron de responderle, se le cayó el gesto al suelo y empezó a llamarnos. Sólo decía nuestro nombre. Y agarraba la mano de ella, desesperado, con los nudillos blancos de la presión. La camilla tamborileaba, su gargantaba se cerró, no pudo soltar una palabra más y, en cuanto salió la primera lágrima, soltó la mano, volvió la cabeza y se lo llevaron. Cada uno de nosotros nos dispersamos, escuché gritos, no sé qué decian, jadeos, lloros, y alguien sentado hierático, congelado, mirando una pared.
Tenía la piel morena, suave y brillante como cuando vestía el albornoz de boxeador. Qué bonito estaba, era algo hermoso. Siempre se duchaba dos veces al día y olía como los ángeles. Don Limpio le llamaba. Ahora tenía el pecho abierto, con un esparadrapo del cuello al ombligo. Todo el torso lo tenía manchurreteado todavía de sangre. Las manos heladas y vibrando al ritmo de una respiración artificial que salía de un acordeón de viento, rodeado de tubos y cables que acababan en él. Daba igual. No daba miedo, no era parte de un aparato. Estaba bellísimo. Aunque sus costillas estaban separadas, aunque su espalda era el doble de ancha, inflamada, dilatada. Aunque su boca se prolongaba en un plástico gris.
Me dijo que tenía miedo, sólo a mi. Sólo conmigo se desató, roto, desesperanzado. No se lo digas a nadie más. Puede pasar cualquier cosa. No pienses en eso, no es así, ya verás. Ojalá. Mirando hacia abajo, caído bajo un peso enorme, indefenso, vulnerable vulnerado. Me cogió la mano, para despedirme. No quería centrarme en esa mano. Tengo que animarle. Yo, caída bajo un peso enorme, no pasa nada, tranquilo, ya verás, creéme. Y me llevé su gesto, sus lágrimas que secaba ya para la próxima visita. Tan blanco, tan brillante y hermoso como un ángel.

1.12.05

Gira, gira.

Me refugio en relatos para no tener que contar una vida rutinaria, mediocre y triste. Si contase mi vida tendría que reconocer que, con mi edad, cerca de los treinta ya, no tengo nada propio. Que todo lo poco que he conseguido me ha costado sudores y lágrimas. En cada viaje que hice me dejé cosas por el camino y sólo me tengo a mi. Alguien que tiene que creerse segura, capaz, influyente, para conseguir algo. Pero me canso de todo eso y chillo aunque sea con mis gestos que sigo siendo la misma niña con dudas, en busca de protección, con miedo a todo, que le afecta todo, que no soporta ver a alguien pasándolo mal, un mendigo, un perro muerto, ya tiene el día por los suelos. Unas veces orgullosa de saberse parte del problema, y no lavarse las manos ante ello, otras veces de gilipollas para arriba por implicarse en cosas sin solución. Todo es un papel más. En el trabajo la responsable, puntual, seria y observadora. En el momento de salir sabes que es una obra sin escenario, todo. Y llegas a tu casa de noche, cansada, el corazón acelerado, ahora te toca estar contigo a solas, sin personajes. Y te das cuenta de que tú no eres más que tus miedos, tus preocupaciones y ese silencio tan inmenso que se hace a tu alrededor, más oscuro que la noche y tan mentira como tú. Piensas que total para qué, la realidad te ha llegado hasta el cuello y sabes que no hay nada detrás. Sólo otro día, otra mañana, otra noche que esperas que no sea en vela. Y con la sensación de que un buen día es un día con mucha actividad que te distraiga, y en que llegues a conseguir no recordar que te estás distrayendo. Olvidarse de pensar y de darse cuenta de que piensas. Y sólo vivir. Tan simple y tan difícil.

29.11.05

Las piedras no se pueden comer

Todavía no es Diciembre, y ya estamos en Navidad. Toda la ciudad decorada con luces, Papá Noeles, "Felicidades" y villancicos. Hay más gente en las calles que nunca, casi a cualquier hora, comprando, mirando, parejas que se dan la mano, niños pequeños con cinco o seis juguetes en cada mano, carricoches que en la multitud se hacen enormes, colores, risas y bufandas. Esta es la ciudad que anda, que corre, que tiene cosas que hacer, que mirar y que comprar. Sentados en los rincones y apoyados en las paredes está la otra Sevilla. Una anciana sin piernas en una silla de ruedas, con los ojos en el horizonte. Un cuarteto de cuerda tocando el "Adagio" de Albinoni. Chicos jóvenes, argentinos y limpios. Los peruanos, todos pequeñitos e iguales, casi tan bajitos como sus hijos, mostrando encima de las mantas los jerseys, guantes, bolsos y bufandas multicolores. Debe ser verdaderamente Navidad. El otro día pasó un coche de policía a su lado y no les dijeron nada, hicieron como que no les vieron. Y no todos son extranjeros. Hay españoles, de unos cuarenta años, sucios, muy sucios, casi negros y esqueléticos, que extienden una mano con la cabeza agachada y los ojos cerrados, como con vergüenza. Siempre son hombres, pero me extrañó ver hace unas semanas a una mujer muy joven, echada en el escalón de entrada de una casa antigua, entre cartones, acariciando a un perro muy grande y pulgoso. La miraban sorprendidos. Tan joven, tan guapa. Incluso un hombre sacó de su cartera algo así como un billete. Luego están los gitanos, nunca se sientan o se apoyan o se paran. Son los únicos que piden de manera activa, no esperan, te persiguen, te gritan y si no les das dinero, más de un euro, claro, por su ramita de romero, te maldicen, insultan y, a veces, escupen al suelo. Y fuera de la muchedumbre, en los semáforos de la ciudad, los subsaharianos que venden pañuelos, en verano sudando, cuando llueve bajo un paraguas viejo y roto atado a un gorro de lana o a la chaqueta (no sé cómo) y en invierno tiritando.
Hace unos años hicimos por Navidad un trabajo para la universidad, nuestra buena obra del año, ir a hablar con los "sin techo". Nos encontramos con un hombre de unos cincuenta años, canoso, de pelo muy largo y barba, que siempre estaba rodeado de perros y gatos, más de cinco. Fuese a donde fuese le seguían, obedecían y por las noches le daban calorcito mejor que la mejor manta. Les enseñaba a dar la patita, no se peleaban nunca entre ellos, y no se separaban de él más de dos pasos. Era Yugoslavo. En la guerra se había quedado sin casa ni familia ni trabajo, sin nada. Y tampoco se podía quedar allí, pues era bosnio en tierra servia, y le iba la vida en ello, así que tuvo que partir. Como no tenía dinero fue andando a lo largo de Europa durante años, siempre en busca de un tiempo mejor que no le hiciera más difícil dormir al aire libre, hasta que llegó a España. Le gusta por el clima, poco frío, y la gente suele ser solidaria y les ayudan, a él y a sus animales a comer. Pero cuando vienen los trabajadores sociales y le mandan a un albergue no le gusta nada. Lo de bañarse le da igual, pero lo que no soporta es dormir, mirar hacia arriba para que las estrellas le canten la nana de todas las noches, y encontrarse con un muro de ladrillo y hormigón.

24.11.05

Les mots

Se escapa la "torta", sale, y te da un bofetón. Pero si en el libro pone "torta" de dulce, de pastel. Como puede pegarme una colleja una tarta. Ellas huyen, igual que nosotros, si no están en un ambiente agradable. De una "flor" y un "sol" nace un paisaje. De la "oscuridad" y la "lluvia" la melancolía. Hay algunas que están viejas, son ancianitas cansadas de vivir, de las que sólo hacen uso los nietos, traviesos y todavía inexpertos que juegan con sus primeros amores y sus ausencias ("sin ti no soy nada", "desde que no estás no soy el mismo"...). Los seductores las conocen como nadie, las manosean, traen y llevan, mientras ellas, rendidas por su poder, se desatan en forma de milagro, en arte, belleza ("puedo escribir los versos más tristes esta noche, pensar que no la tengo, sentir que la he perdido, oir la noche inmensa, más inmensa sin ella, y el verso cae al alma como al pasto el rocío"). Pero nunca encontrarán el pretendiente perfecto, el que las sepa hacer el amor como ellas quieren, el que las perfeccionará y perpetuará. Porque siempre es cuestión de gustos, tienen que estar de acuerdo todas y...son muchas.
Se escapa el bofetón del libro y me trae un pastel. Es un paisaje donde reina la melancolía. Todas son viejas que espían a sus nietos inexpertos, esperando el milagro, lo que las perpetuará. Pero son muchas...
La torta sale en busca de un ambiente agradable, donde nunca haya lluvia. Juega con sus primeros amores, los manosea y espera el pretendiente perfecto. Pero ninguno da en sus gustos, aunque sean muchos...
Huyó en busca de soles, flores, pasteles, donde no quedase nada de oscuridad. Pero cuando salió se dió cuenta de que era viejo, no era el mismo. Habían tomado terreno las ausencias, el cansancio, los nadie, el poder. La belleza sólo era un sueño perfecto, perpetuo, con el que él mismo no estaba de acuerdo. Aunque esto no evitaba que hubiese muchos...
Creo en el "Sueño" Santo, la santa "Melancolía", la comunión de los "nadie", el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos, y la vida eterna. Amén.

21.11.05

Vas a morir

Sale del bar con las manos en los bolsillos. Enciende un puro y se sube el cuello de la gabardina. La ciudad está húmeda y las aceras brillan. Sus pasos resuenan en toda la calle solitaria, y un camión, quizá de la basura, se oye a lo lejos. Con la cabeza hacia abajo, mirando al suelo, ve un charco rosa. Se aproxima, algo se mueve, de rosa a verde, de verde a azul. Intenta tocarlo, pero las manos sólo rozan agua. Cuando aparta el brazo aparece una cara, ni de hombre ni de mujer. Los ojos grandes y fijos en él. Vas a morir. Vas morir. Sale corriendo, los ojos desorbitados, se esconde en un callejón sin salida y, mirando hacia el charco, intenta relajarse. Se para, mira sus pies y ve que está empapado. Va aumentando poco a poco el nivel del agua, hasta llegar a las rodillas, a los muslos, a la cintura. Y entonces un reflejo rosa que se convierte en verde, luego en azul. Corriendo, esquivando los charcos, se sube en el sitio más seco que ve, mira alrededor, no hay nadie. Observa un objeto metálico encima de un banco, lo coge, lo apoya en su sien derecha y dispara. Justo encima de donde cae, ya cadáver, hay un cartel de luces de neón, de colores intemitentemente rosa, verde y azul. Una mujer asesinada posa al lado del título de una película, "vas a morir".