Hace tiempo, unos científicos con bastante mala leche, introdujeron a unos perros en unas cajas con comida; sólo podían recogerla pulsando un botón. Pero una vez aprendido, a estos científicos tan simpáticos, se les ocurrió rodearles de rejillas electrificadas y aplicarles una descarga eléctrica cada vez que apretaban el pulsador. Los pobres perros, al principio, se ponen nerviosos, van de un lado a otro de la caja, gimen y buscan comida desesperados, según va creciendo el hambre. Hasta que llega un momento en el que se dan cuenta de que todo esfuerzo es inútil y se arrinconan, muertos de miedo, sin hacer nada, esperando su final. Es el fenómeno conocido como “indefensión aprendida”. La mayoría de nosotros, como los perros, sólo intentamos llegar a nuestro plato de comida. Pero de repente alguien electrifica el camino y nos electrocuta de vez en cuando, para tener cajas más grandes y que no podamos morder. Los bancos nos mienten y nos dan un dinero que no existe, pero con el que se enriquecen. Cuando todo se destapa, tenemos que pagarles de nuestros bolsillos sus mentiras ¿qué significa eso? Que les regalaremos nuestros ahorros mientras endeudan nuestros servicios, con lo que tendremos que acabar pagándolo con nuestro propio plato de comida: plas, calambrazo. Como la cosa “está muy mal”, se ponen todos a despedir como locos. El objetivo es que los que ponen las rejillas electrificadas no lo paguen, claro, que para eso son suyas. Por eso se hacen “reformas laborales” en las que se abarata el despido para hacer más fácil los calambrazos y que los que electrifican nuestras vidas tengan más poder, para más cajas y más obstáculos a nuestro plato de comida. No contentos con eso, como ven que el perro sigue teniendo un platito chico para comer en forma de subsidio pues, calambrazo, a quitarlo. Se oyen voces diciendo cosas como que ya vale de tanta comida para los perros, que eso no se puede sostener. Así que se inventan una campaña de alimentación a los perros que ya están muriendo de hambre en forma de “rescate”. Eso significa que te darán un plato y tú tendrás que pagar tres; con lo que más y más perros caen y se arrinconan. Eso sí, las rejillas, al haber más espacio, son cada vez de mejor calidad y más mortales.
A todo esto, a un grupo de perros, se le ocurre montar una huelga. Los perros pijos, tipo Yorkshire, y éstos con lacitos que van en brazos de mujeres ricas y son siempre franceses, acostumbrados a vivir bien, gritan y se quejan. Pero los podencos españoles, con cara de hambre, agachados y en plena indefensión aprendida, se arrinconan y te ladran si te unes a la huelga, no vaya a ser que los pocos que tienen algo lo pierdan. Así que, cuando les dicen que tendrán que luchar hasta viejitos por su plato de comida, se callan y suspiran.
Hoy, los Profesores Frankenstein de las cajas electrificadas están planeando una mordida general al cuello de los perros españoles en forma de “rescate”. Cuando un 20% ya está arrinconado, sin poder siquiera buscar su plato y, además, el de seguridad se lo quitan, planean con nuevos calambrazos. Su sed de sangre no se calma con nada…
En los experimentos con los perros y las rejillas electrificadas se comprobó una cosa. Había un mínimo porcentaje de perros que no se arrinconaba; gemían, ladraban, gruñían y arañaban con las patas la puerta por donde salía la comida. Hasta que, algunos, agrupados, lograron romper la caja…





