En plena guerra civil mi abuela escondió en el desván de su casa a uno de las brigadas rojas con un cura. Se hicieron todos amigos. En las montañas del sistema central otra mujer iba en burro a llevar de comer a los makis, o partisanos de la república, escondiéndose de la guardia civil. Era mi bisabuela. Y en su pueblo creció un chico que tocaba el clarinete desde pequeño. Mi padre. Un día fue a una aldea de al lado a tocar con la banda pasodobles y marchas de semana santa. Estaba todo el pueblo escuchándoles. La plaza de toros prefabricada en la que estaban empezó a crujir. La banda siguió tocando con un ojo en la partitura y otro en el suelo. Los crujidos eran ahora un bamboleo, dejaron los pasodobles y empezaron los chillidos...Todo se vino abajo, niños, ancianos, trompetas, gorras y gradas. Y el chico en el suelo miró desesperado a su tío, éste le sonrió y le dijo: "No llores ni tengas pena, que si se rompió el bombo aún queda la berenjena".
(Bombo: tambor grande
Berenjena: con lo que se golpea el tambor grande)
Inventor de libros
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Soy un inventor de libros, una persona que imagina un libro antes de que
existan las palabras que lo habitarán. Su materia es esa niebla donde
todavía no ...
Hace 17 horas

2 comentarios:
Está empezando a resultarme peculiarmente odiosa esta publicidad bloggística -permítaseme el vocablo, póngase sic donde corresponda- porque suele coincidir en las mejores entradas de toda la página. Soberbia.
A veces suena a tan poco una palabra...pero gracias. Significa para mi más de lo que se puede pensar. Gracias
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